Los relatos y la realidad

Se ha puesto de moda llamar “relato” a algún tipo de descripción de la realidad que no coincidiría con lo que en verdad está ocurriendo. Así, en estos días, el relato neoliberal de una Argentina que se encaminaba hacia el futuro a paso firme quedó hecho añicos: la “realidad” que se expresó en la elecciones primarias del 11 de agosto indicó que hay millones de nuevos pobres, creciente desempleo, deterioro de las condiciones de vida de las clases medias y –el dato político– que la sociedad argentina ya no seguirá acompañando electoralmente a los inventores de ese relato.

Pero el tema presenta aspectos más que interesantes a la hora de cotejar “relatos” y “realidades”, más no sea porque no se puede hablar de la realidad si no es a través de un relato. No sería explicable el triunfo de Trump si no fuera por el quiebre del relato demócrata sobre la realidad norteamericana. Y tampoco es explicable el triunfo de Macri en el 2015 si no fuera por el quiebre del relato neokeynesiano que acompañó al gobierno del Frente para la Victoria.

Las derrotas no son buenos momentos para revisar los relatos. Muchas personas comprometidas con el gobierno del FPV, al perder las elecciones, criticaron amargamente a la sociedad que no había sabido reconocer “todo lo que le habían dado”. Otros, más analíticos aún, indicaron que el éxito de la gestión había sido de tal magnitud que había transformado a millones de argentinos en clase media y, llegados a ese bienestar, por algún determinismo sociopolítico, habrían cambiado su conducta electoral por sentirse más identificados con las clases oligárquicas que con los sectores populares.

En estos días ese espectáculo lo vemos a nivel presidencial: al hacerse trizas el relato presentado a la sociedad como razón para que lo voten, Macri responsabiliza a esa misma sociedad por la inestabilidad cambiaria, el descontrolado aumento de precios y la profundización de la pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Si lo hubieran votado a él, las cosas serían bien distintas. Lo mismo que pensaban los derrotados del 2015.

La falacia del relato neoliberal ya ha sido extensamente analizada por los lectores a los que habitualmente me dirijo. Creo que la reciente victoria alcanzada por el campo popular es una excelente oportunidad –estando todos felices– para reflexionar sobre la falacia del relato neokeynesiano.

Éste se compone de dos partes. Parte I: favoreciendo la capacidad de consumo interno aumenta la producción a fin de satisfacer la demanda. Parte II: aumentando la producción a fin de satisfacer la demanda aumentan los puestos de trabajo. La primer parte de este relato es verdadera, la segunda es falsa: para aumentar la producción lo que aumenta es la aplicación de tecnología.

La crisis del trabajo como distribuidor de ingresos –tal como se entiende culturalmente al trabajo– está a la base del fracaso de este relato. Por eso no se pudo registrar que luego de la crisis internacional del 2008 la pobreza y el desempleo comenzaron a crecer nuevamente en la Argentina. La ideología tapó la realidad, igual que ahora.

La colosal pelea entre neoliberalismo y neokeynesianismo es la lucha entre dos cadáveres insepultos: una nueva cultura espera por nacer y requiere del concurso de todos. De otra manera, sólo estaremos construyendo los Trump y los Macri del futuro.

Agosto, 2019

emiliopauselli@gmail.com

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