No hay peor sordo…

… que el que no quiere oír, reza el refrán. Por estos días, con epicentro en Francia, pero abarcando muchas otras ciudades de Europa, cientos de miles de personas han salido a protestar a la calle.

Los motivos son varios y sus protagonistas los expresan con toda claridad. Si hubiera que hacer una lista, las protestas se dirigen contra el encarecimiento permanente de la vida, donde las estrellas son los alquileres y los servicios, y su contracara: la pérdida también permanente del poder adquisitivo de las personas.

Las reformas laborales se orientan a quitar derechos a los trabajadores y la situación de los jubilados –esos niños que nacieron antes– es cada vez más calamitosa. Se agrega a ello la precarización de la educación, donde docentes, auxiliares y estudiantes reciben cada vez menos presupuesto del Estado.

Finalmente, cuando las personas intentan ejercer su derecho a manifestarse en el espacio público, la respuesta es una feroz represión que va dejando heridos graves en todas partes. Se agrega, así, a las demandas sociales y económicas, la demanda política de respeto a las libertades civiles.

Sin embargo, las autoridades locales y los líderes mundiales, por alguna razón desconocida, no escuchan ninguno de esos reclamos. Las autoridades francesas están convencidas, y así lo expresan, de que se trata de un intento de insurrección organizado por la izquierda. Ninguno de los reclamos sería real, el costo de vida no aumenta, el poder adquisitivo de los salarios no disminuye, las familias no se endeudan, la educación atraviesa un momento brillante, las fuerzas de seguridad reprimen al pueblo para defenderlo de sí mismo. No hay peor sordo…

Mientras tanto, el presidente Trump escucha que lo que ocurre en Francia es culpa de los árabes. Él ya le había aconsejado a Macron que cierre las fronteras, no le hizo caso y así le va. La situación creada no tiene nada que ver con los reclamos sociales. No hay peor sordo…

Cualquier similitud con la Argentina no es casualidad. Aumento del costo de vida, también con alquileres y servicios a la cabeza, pérdida del poder adquisitivo, endeudamiento de las familias, represión cuando la sociedad pide que se cumpla la ley; parece que en todo el mundo se va para el mismo lado y que ese lado no augura nada bueno.

¿Alcanzarán los árabes y las izquierdas para justificar semejante fracaso de las autodenominadas “democracias liberales”? ¿Si le sumamos la amenaza de los rusos y los chinos se podrá disimular la falta de futuro de la cultura de la competencia y el consumo? ¿Se aceptará de una vez que la teoría del derrame resultó falsa y que por más super ricos que sean los ya super ricos nada mejora para la gente? ¿La defensa de la sacrosanta propiedad privada ya no impide que se cuestione el enriquecimiento ilimitado de los dueños el mundo?

Una vez más, el futuro tiene cara de estudiante, de trabajador, de jubilado, de aquellos que no se resignan a vivir en los subsuelos de la sociedad de la opulencia. Como dijera Walter Benjamin, “sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza”.

Octubre de 2026. emiliopauselli@gmail.com

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