Los piratas modernos

En las décadas del 60 y 70 del siglo pasado el mundo sufrió un proceso de reordenamiento donde el llamado “capital financiero” estableció su supremacía sobre el conjunto de la sociedad. En la Argentina, ese fenómeno se terminó de instalar durante la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983 y tuvo, como mascarón de proa, la ley aún vigente denominada de Entidades Financieras, sancionada por iniciativa del entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz.

Este proceso, tan reciente en términos históricos, ha creado la fantasía de que “antes” había un capitalismo sano que luego se habría enfermado. En realidad, el capital financiero, consolidado luego de las inmensas remesas de oro y plata que robaron los europeos en su invasión a América, ha acompañado en todo momento el desarrollo de la cultura contemporánea.

En la Argentina ese hilo histórico está absolutamente al descubierto: el ministro mencionado es descendiente del español José Martínez de Hoz, quien fuera designado en 1806 encargado de la Aduana de Buenos Aires por los invasores ingleses que habían ocupado la ciudad. Con lo que se descubre otro aspecto del dominio del dinero: no tiene, y nunca tuvo, patria.

El tesoro en metálico que esperaba en Buenos Aires para ser trasladado a España fue robado, a su vez, por los ingleses, quizás pensando en eso de que “el que roba a un ladrón…”. Pero no todo sale siempre bien: mientras en Portsmuth se desataron festejos por la llegada del botín, que fue llevado en ocho carros tirados por seis caballos cada uno hasta un banco, los criollos y españoles patriotas ya habían reconquistado Buenos Aires.

Lo mismo le está por suceder a los fondos de inversión que saquearon a la Argentina en los últimos años: se acaban de enterar de que el pueblo se propone recuperar la soberanía robada. A pesar de que ahora las comunicaciones son mucho más rápidas que en 1806, el FMI no se enteró de lo que estaba ocurriendo y comprometió más de la mitad de su cartera de crédito para apoyar a sus nuevos administradores de aduanas.

Las naves piratas se ven desde la costa, lo que hace decir a actuales y futuros gobernantes que la deuda será pagada. Cuando te apuntan con un cañón no es sencillo hacer planteos de principio.

Pero hay, por lo menos, dos tareas por hacer. La primera, juzgar de manera ejemplar a los que violaron leyes para favorecer la nueva invasión pirata. La segunda, producir las modificaciones institucionales que impidan que estas tropelías se vuelvan a producir en el futuro. 

Septiembre, 2019

emiliopauselli@gmail.com

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