Ante la pandemia los Estados se han visto obligados a respaldar a distintos sectores de la población para garantizar condiciones mínimas de vida. Este apoyo incluyó la transferencia de dinero a las personas y a las empresas paralizadas o limitadas en su actividad económica.
El volumen de esta ayuda es variable. Medido en términos de PBI, según la información brindada por los gobiernos, llega en algunos casos hasta 30 puntos del mismo. Las estrategias para financiarlo también son diversas, desde la toma de créditos hasta la emisión monetaria. Las fundamentaciones también varían: algunos hacen el centro en la necesidad de garantizar la supervivencia mientras que otros esperan que estas ayudas reactiven el consumo.
Esta experiencia puso blanco sobre negro la realidad, normalmente ignorada, de que las sociedades modernas se basan en una serie compleja de transferencias entre sectores. Habitualmente muchas de esas transferencias apoyan a actores económicos poderosos, ya que se confía –quizás sin razón– que estos promoverán el trabajo y el bienestar en la sociedad.
Pero la pandemia COVID-19 ha mostrado la posibilidad de que esas transferencias también sean destinadas a apoyar a ciudadanos comunes.
Algunos sectores de la población fueron incluidos en un programa de ingresos ad hoc, como por ejemplo en la Argentina el ingreso de $ 10.000 para trabajadores independientes y monotributistas categorías A y B, que alcanzará aproximadamente a tres millones y medio de personas; o en EE.UU. los cheques de U$S 1.200 que recibirán cerca de setenta millones de habitantes.
Otras ayudas se han canalizado a través de las empresas, apoyándolas con créditos o subsidios para que puedan pagar los salarios de sus trabajadores inactivos o, de manera más indirecta, postergando o cancelando pagos de obligaciones impositivas o deudas.
Se rompe así el tabú de que sólo se puede recibir dinero a cambio de trabajo. Y ya no se trata de estigmatizados programas de ayuda a los pobres, siempre sospechosos de no realizar los esfuerzos necesarios, sino de recursos que nuestras sociedades invierten en el sostenimiento de “gente normal”.
Esta situación, comprensiblemente, ha vuelto a poner en la superficie el tema del Ingreso Ciudadano. Lo que se puede hacer ante una pandemia, ¿por qué no se puede realizar como algo habitual en nuestras sociedades? ¿Por qué no podemos evolucionar hacia un modelo civilizatorio que garantice los ingresos de todos sus integrantes? No sería la primera vez que la excepción genere la regla.
¿Por qué una pandemia justifica pensar en generar impuestos para los más ricos? ¿Por qué no se transforma en algo habitual que aquellos más favorecidos por el funcionamiento de nuestras sociedades sean los que más deban aportar a ellas de manera permanente?
Porque, bien mirado, la pandemia no es la única manera de generar riesgo, enfermedad y muerte. Las causas de sufrimiento de la mayoría de los seres humanos no se relacionan con una pandemia sino con la desigualdad y la pobreza que invade todos los resquicios de nuestra manera de vivir. Considerando sólo desigualdad por ingresos, 2153 personas tienen más dinero que los 4600 millones de personas más pobres del planeta (OXFAM, 2020). La desigualdad crece apenas analizamos las necesidades básicas de las personas, y aumenta mucho más aún si aplicamos cualquier modelo de medición multidimensional de la pobreza (ingresos + satisfacción de necesidades básicas + derechos).
La instalación de sistemas de Ingreso Universal sería un gran avance en relación al derecho al ingreso. Deja pendiente, eso sí, un tema no menos importante, como es el del derecho al trabajo. El derecho al ingreso es el derecho a vivir en el planeta, el derecho al trabajo es el derecho a transformarlo. Negar la simultaneidad de estos dos derechos es proyectar un mundo con nuevas desigualdades insoportables.
Y parece muy adecuado que, en momentos donde un virus nos motiva a realizar inmensos esfuerzos para garantizar la vida y el funcionamiento de la economía, también pensemos en formas más permanente que concurran al mismo fin.
Abril, 2020 emiliopauselli@gmail.com
Para seguir pensando en estos temas recomendamos visitar https://emiliopauselli.com.ar/wp-content/uploads/2019/07/2019_Ingreso-universal-y-derecho-al-trabajo.pdf