Los sospechosos de siempre

Las sociedades latinoamericanas tienen realmente mala suerte. El 30 % de su población es pobre o indigente, y esta realidad afecta a más del 50 % de los niños de la región. Esa tasa de pobreza hace que 170 millones de personas vivan una vida miserable, llena de carencias, con el agregado de que igual suerte les cabrá a sus descendientes ya que ellos mismos han nacido en hogares pobres.

Pero, como las desgracias nunca vienen solas, aquellos líderes que en la región se preocupan por modificar esta situación pareciera, de acuerdo con las noticias que difunden las empresas propietarias de medios de comunicación masivos, que llevan en su alma una ínclita tendencia a la corrupción. Así, se alternan gobiernos intachables cuya única preocupación es la rentabilidad de las inversiones financieras, con otros que, amparados en un discurso que propone una mayor igualdad, cometen ilícitos por doquier.

Dentro de los impolutos encontramos, por ejemplo, las gestiones de Macri, Bolsonaro, Duque, Lenin Moreno, Piñera. Dentro de los segundos a las de Lula, Evo Morales, Correa, Kirschner.

Aquellos buenos administradores encontraron condiciones internacionales desfavorables, lo que los llevó a endeudar a sus países para varias generaciones futuras y, consiguientemente, a restar recursos al desarrollo, aumentando así la pobreza.

Mientras tanto, los que intentaron modificar en algo la distribución de los recursos en la región, así sea de modo muy pequeño y a veces con pocas ideas, terminaron rápidamente enjuiciados por sus muchos delitos, en ocasiones encarcelados y, en muchos casos, imposibilitados de presentarse nuevamente a elecciones libres para merecer o no el apoyo de sus sociedades.

Y si esto fuera poco, sobre llovido, mojado, cae la pandemia del Covid19, la que encuentra a estos países con un sistema de salud deteriorado, manifiestamente incapaces de hacer frente a la gravedad de la situación, sobre todo cuando se trata de atender a los más desfavorecidos de la sociedad.

Claro que, como no hay mal que dure cien años o que la muerte no acabe, parece que están empezando a soplar nuevos vientos en nuestro medio continente. Así lo hace pensar el fallo del Tribunal Supremo Federal de Brasil que declara la nulidad de los procesos llevados a cabo contra Luiz Inácio Lula da Silva. Parece que dicho Tribunal ha llegado a la conclusión de que el juez que lo condenó no fue imparcial y que no se habrían respetado los derechos de defensa del acusado.

Mientras tanto, la actual vicepresidenta de la Argentina fue electa en primera vuelta a pesar de los innumerables juicios pendientes por supuestas faltas graves en el ejercicio de su gobierno. Una alianza electoral afín al correísmo tiene expectativas de imponerse en Ecuador en la segunda vuelta electoral a realizarse el 11 de abril y, como si esto fuera poco, Arce, representando al partido de Evo Morales, ganó ampliamente las elecciones en Bolivia luego de un interregno de dudosa legalidad que, enarbolando la biblia y la cruz, pretendió exorcizar a los malos espíritus amerindios.

Quizás ha llegado el momento de recurrir a los sospechosos de siempre, a ver si pueden pagar las deudas financieras y sociales contraídas por los que, siempre a tenor de lo que informan los medios, han sido gobernantes ejemplares, y aumentar la riqueza nacional, de forma tal que nuestros zarandeados países vuelvan a ser, en algunos años, apetecibles para un nuevo saqueo. Eso sí, bien administrado.

Marzo, 2021

emiliopauselli@gmail.com

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