La cosecha de guerras nunca se acaba…

Hay países que son famosos por la exportación de sus productos primarios, otros por sus exportaciones de bienes industriales. Algunos se destacan por su capacidad de llevar al mercado mundial alimentos, otros, tecnología, otros, bienes de capital. En fin, que el intercambio mundial cubre un amplio espectro de bienes necesarios para la vida humana.

Pero hay un país que hace décadas descuida todos esos rubros por las inmensas ganancias que produce su complejo militar industrial. Entre guerras declaradas y “guerras sucias”, su propia participación en los conflictos bélicos le garantizó, durante todo ese tiempo, una demanda sostenida de sus propios productos bélicos.

Si hubiera que hacer una lista de esos conflictos, sería realmente extensa. Para hacer una síntesis podríamos decir que en el siglo XX y lo que va del XXI, EE.UU. ha generado distintas guerras o invasiones en México, Cuba, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Corea, Vietnam, Laos, Libia, Rusia, China, Tailandia, Camboya, Congo, Angola, Granada, Irak, Panamá, Irán, Somalia, Bosnia, Uganda, Siria, Mozambique, entre otros lugares cercanos o remotos respecto de su propio territorio.

Pero los problemas recién empiezan. Ya hace tres décadas que ha desaparecido la estructura bipolar del mundo restando así justificación a la carrera armamentista. La “amenaza terrorista” no logró consolidar una demanda sostenida para los sofisticados productos que la industria militar estadounidense ofrece desde aquella época. Y, para colmo de males, esa inversión privilegiada en la industria militar hizo que algunos países tomaran ventajas en otros rubros de la economía y ahora compitan ventajosamente con su propia estructura productiva.

Así que el camino es claro: hay que salir a exportar la guerra, ya que ese es el rubro en el que fueron líderes durante más de un siglo. Quizás su diferencia con esos intereses es lo que hace preguntar a Trump “qué hace esa loca de Pelosi” generando problemas en distintos lugares del mundo.

Han logrado un éxito resonante en el caso de Ucrania, donde luego de tanto amenazar con instalar armamento de la OTAN en la frontera de la Federación Rusa, ésta decidió invadir aquel país bajo el nombre eufemístico de Operación Especial. Pero esa guerra presenta dos problemas: el primero es que se desarrolla en la vieja Europa que, más allá de haber sido territorio de los conflictos más terribles de nuestra época, tiene grados de integración económica y energética que esta guerra afecta, por lo que participa con poco entusiasmo del conflicto. La segunda dificultad es que escalar ese conflicto pone al mundo al borde de una guerra catastrófica y, aunque eso no es imposible, no cuenta aún con el apoyo necesario.

Debido a esas limitaciones, hay que conseguir “nuevos mercados”: en ese esfuerzo se inscribe el viaje de la Pelosi a Taiwán. ¿Será posible generar un conflicto bélico con China? De lograrlo tendría, además del efecto directo de aumentar la demanda de armas, el de obligar a un competidor económico directo a distraer recursos para afrontar el conflicto.

El mismo objetivo persiguió la visita a Corea. La estrategia ni siquiera presenta una gran originalidad: se orienta a tratar de exacerbar conflictos en regiones del mundo donde ya han participado de otras guerras en otros momentos de la historia contemporánea. En resumen, se trata de desestabilizar regiones que, a través de los años, han logrado un grado de equilibrio para manejar pacíficamente sus conflictos.

Muchos pensaron que la salida de un mundo bipolar era en dirección a un mundo multipolar, pero eso no parece aceptable para todos. Por el contrario, el intento de la hasta ahora primera potencia mundial, parece identificar sus intereses con los de un mundo unipolar.

Como eso no se puede lograr a través del funcionamiento del mercado, ya que éste coloca a dicha potencia en un lugar cada vez más modesto, el antiquísimo recurso de la violencia y de la guerra aparece como una alternativa. Para eso cuenta no sólo con armas, sino también con el dominio de los principales medios de información del llamado mundo occidental, lo que le permite, como se dice, “formar opinión”.

Eso, por lo menos, le ha otorgado impunidad hasta el presente. ¿No se ha preguntado usted por qué Rusia fue excluida del mundial de Qatar por invadir Ucrania y EE.UU. no fue excluido del mundial de Alemania (2006) por invadir Irak (2003-2011), o del mundial de Brasil (2014) por la intervención militar en Libia (2011), o del mundial de Rusia (2018) por los bombardeos en Siria (2014-hasta la actualidad)? Raro, ¿no?

Ya sabíamos desde antiguo que “los otros” eran los infieles, pero ahora parece que estamos llegando a una época donde la guerra ya no es un fracaso de la diplomacia, sino su medida de éxito.

Agosto de 2022                 emiliopauselli@gmail.com

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