Quizás usted no haya escuchado aún nombrar esta ciencia, aunque la misma ya goza de cierta antigüedad y ha sido cultivada en diversos países del mundo durante las últimas décadas. Su objeto es planear, controlar y llevar a buen término los ajustes que las distintas sociedades necesitan para propender, en teoría, a la felicidad futura.
En este sentido es parecida a la medicina, sobre todo en sus especialidades quirúrgica u oncológica: primero hay que sufrir para luego sentirse mejor. ¿Cómo podría ser de otra manera? Nada se obtiene sin esfuerzo y, en el caso de las sociedades enfermas, el tratamiento puede ser doloroso y prolongado.
Las Naciones Unidas, contagiadas de las emociones que desató la llegada de un nuevo mileno, se comprometieron a eliminar la pobreza del mundo para el año 2015. La ajustología tuvo mucho que hacer en esos años, pero, la evidencia demostró que los plazos serían mucho más prolongados. El cáncer no remitía de acuerdo a lo esperado. De hecho, las mismas Naciones Unidas trasladaron ese objetivo para el año 2030, claro que, viendo la marcha del mundo y a escasos seis años de ese plazo, una nueva prórroga será inevitable.
La Argentina también se ha puesto al frente de los últimos adelantos de esta ciencia. Con realismo, el presidente actual indicó que los resultados de la aplicación de la ajustología se podrán apreciar con todo su esplendor recién en 35 años, pero la buena noticia es que ya dentro de 15 años se comenzarán a percibir los primeros beneficios.
La comparación de la ajustología con la medicina es, en algún sentido, un poco parcial. También tiene similitudes con la física o la astronomía, en cuanto a depender de ciertos principios generales que guían la investigación teórica y dan consistencia interna a sus postulados. Por ejemplo, esas ciencias dependen, en gran medida, de la aceptación de la ley de la gravedad. Mal que le pese a Higgs, no sabemos muy bien de qué se trata ni cómo funciona, pero si prescindimos de ella nuestra concepción del universo caería en un caos indescriptible.
La ley de la gravedad de la ajustología dice que todo ajuste debe transferir recursos desde los que menos tienen a los que más tienen, porque, de esa manera, la concentración de riqueza atraerá a los planetas más pobres hasta integrarlos en una galaxia donde todos seremos felices. O sea, para evitar equívocos, podríamos decir que aplicada la ajustología a sociedades con problemas, debemos primero aumentar todos esos problemas para luego comenzar a resolverlos adecuadamente.
Para insistir con el ejemplo de Argentina –hoy al frente de la aplicación de esta ciencia–, como una parte importante de la población sufre de pobreza por ingresos, se liberan todos los precios de la economía, menos los de los salarios y las jubilaciones, y de esta manera, aunque en los próximos 15 años la población afectada aumente considerablemente, en el futuro eso permitirá revertir la situación no deseada.
Aunque a usted le parezcan un poco dudosos los principios y las hipótesis que formula la ajustología, ésta goza de general aceptación entre aquellos que deciden el destino de nuestras sociedades o pugnan por hacerlo. No hay grupo político que rechace la definición de su objeto, aunque, claro, haya diversidad a la hora de interpretar qué es lo que hay que hacer primero y qué es lo que viene después. Serían como diferencias en la aplicación técnica de este saber, pero no cuestionan su planteo general.
Los dueños de la ciencia siguen, de manera ortodoxa, su principal postulado: sacarle recursos a los trabajadores y las clases medias y transferirlos a los grandes grupos económicos. El progresismo latinoamericano dice que ese no es un camino obligado: que los pobres pueden trabajar más y de esa manera generar saldos exportables que permitiría quitarles menos. La izquierda, como debe ser, desconfía del postulado de la ajustología y propone que el ajuste lo paguen los ricos. Pero vea usted, querido lector, amable lectora, que todos coinciden es que es necesario hacer un ajuste.
El psicoanálisis nunca pudo verse a sí mismo como un síntoma, el marxismo no logró aplicar a su teoría el concepto histórico de verdad: no podemos pedirle a la ajustología que vea más allá de sus narices. Lo que sí podemos hacer es preguntarnos: ¿por qué es necesario un ajuste? ¿Qué es lo que hay que ajustar? ¿Es legítimo llamar ajuste a un ordenamiento de la economía que provea al capital usurario nacional e internacional de las ganancias que éstos desean obtener?
Pero a no renegar de los avances de la ciencia, eso es oscurantismo. Quizás sólo hay que reorientar estos esfuerzos teóricos comprendiendo que sí es necesario un ajuste, pero no de la economía, sino de las sociedades que conformamos, de los principios que las rigen y de las alternativas políticas que las gobiernan.
¡A desajustar! ¡A desajustar! Que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel. De Pedro y María, de Juan y José. Gracias Viglietti.
Enero de 2024. emiliopauselli@gmail.com