Terminator Now

La serie de películas donde Arnold Schwarzenegger viene desde el futuro a corregir acontecimientos que, con el diario del lunes, ya sabemos que han sido desafortunados es una metáfora alentadora sobre las posibilidades de enmendar los errores de la historia.

Desde el viejo borratintas hasta el moderno liquid paper, quién no ha soñado con contar con un elemento de esa clase que nos permitiera cambiar los momentos menos afortunados de nuestra existencia, como aquella tiza que arrojamos a un compañerito quien ágilmente la esquivó y fue a dar en los anteojos de la maestra, o la falta de valor para declarar nuestro primer amor, o ese presidente al que votamos creyendo en sus promesas de revolución productiva o de terminar con la casta política.

Hasta se ha llegado a producir una olvidable película, a diferencia de aquellas icónicas mencionadas al principio, donde Adam Sandler posee un control remoto que le permite retroceder o avanzar en el transcurso de su vida, intentando tomar ventaja de ello. Definitivamente, la tecnología debería dotarnos de un adminículo con esas propiedades.

Pero, por ahora, la ciencia está ocupada en otras investigaciones. No podemos aún producir un androide que regrese a la Alemania de 1930 e impida el surgimiento del nazismo, entre otras cosas porque ese androide —que todo lo sabe— comprendería inmediatamente que lo que debe evitar es el Tratado de Versalles­­, para lo cual es necesario impedir la Primera Guerra Mundial, cosa que no se logrará a menos que se cumplan con los acuerdos de la Conferencia de Berlín, cumplimiento imposible de garantizar si no se evita la concreción del sistema colonial… y así hasta Adán y Eva y su hijo Caín, del que, probablemente, descienden la mayoría los gobernantes de la tierra.

Esta contrariedad, la de no poder reparar el pasado, es, ciertamente, una mala noticia, pero, aun así, quizás nos quede alguna esperanza para mejorar el futuro. Si prestamos atención, los creadores de Terminator, además de descubrir cómo viajar a través del tiempo, hicieron un exhaustivo estudio de la historia. Sólo eso les permitió saber que debían salvar —y embarazar— a Sarah Connor. Sin un profundo conocimiento del pasado no hubieran sabido qué programa debían cargar en el artefacto destinado a salvarlos en el presente. Como en El ministerio del Tiempo, donde saben a quién deben enviar y a dónde para, en este caso, que nadie altere la historia. Resumiendo, no se puede enmendar o conservar el pasado sin conocerlo.

Así que, mientras inventamos el dispositivo que nos devuelva al Paraíso Terrenal, podemos prestar atención a qué cosas venimos haciendo y qué resultados obtenemos, para así decidir si queremos seguir con ese rumbo o intentar caminar en otra dirección. Sería como contar con un Terminator de entrecasa: Che, viejo, el caño que arreglaste pierde de nuevo Pero la puta que lo parió, caño de mierda Es que ya está viejo, creo que hay que cambiarlo Yo también estoy viejo Pero a vos no te voy a cambiar, viejito Bueno, voy a la casa de sanitarios a ver cuánto cuesta.

Es la dinámica de la vida: probamos y corregimos. Lo intentamos, le hicimos un parche con la mejor de las intenciones, pero no resultó. Aprender del pasado no es imposible. Por ejemplo, podemos ver que cada vez que nos dicen que la culpa de todo la tiene el Estado, lo que viene luego es desempleo y caída de los salarios. Siempre que nos convencen de que el problema son los que reciben alguna ayuda debido a su difícil situación, al ratito nomás caen las jubilaciones y a nuestros viejitos no les alcanza ni para los remedios.

Para reparar esas cosas no parece que necesitemos a Terminator, con examinar las consecuencias de nuestros actos quizás podría alcanzar. Salvo, claro, que apliquemos liquid paper a la memoria para luego volver a escribir lo mismo que habíamos borrado. Pasa, queridos lector y lectora, créanme que pasa.

Pero a no desesperar, no siempre sucede así. Muchas veces aprendemos y nos superamos, y hoy nuestro mundo está ante una nueva oportunidad de aprendizaje. Otra vez la civilización del lucro, reduciendo a su mínima expresión los sistemas de control social sobre los poderosos y llamando a eso “libertad”, ha producido inmensas injusticias y desigualdades en el planeta y eso, claro está, genera un gran descontento social. ¿Volverá a funcionar otra vez la receta del fascismo, de echarle la culpa a alguien que no tiene nada que ver por lo que sucede —los judíos, el Estado, los pobres, los peronistas, los rusos— dejando a salvo los dispositivos sociales que causan esa situación insoportable?

El futuro, como en las películas de James Cameron, aún no está escrito. Con androide o sin androide, deberíamos organizar la resistencia.

Julio de 2024. emiliopauselli@gmail.com

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