Política y economía

Cada tanto, algunos partidos políticos intentan lanzar, actualizar o reformular sus programas políticos. Lo llamativo es que esos intentos lo único que producen son nuevos, viejos o mixturados programas económicos, estableciendo casi como sinónimos política y economía.

Se ha hecho natural una precedencia de lo económico sobre lo político, aduciendo distintos argumentos como realismo, posibilidades, intereses o conveniencias.

¿Y cómo puede ser de otro modo? Exagera la pregunta nuestra lectora fiel. En su casa usted no puede gastar más de lo que entra. Es que esta gente nunca se encarga de la casa, no conoce esas reglas elementales de la economía, la apoya su lector amigo. Y si se gasta de más, después viene la inflación, afirma la primera. Y la deuda externa, afirma el segundo.

No hacen mella en esas creencias la experiencia reciente de la Argentina, donde dos gobiernos cuyo lema fue el equilibrio fiscal han sido los mayores endeudadores de la historia: 47 mil millones de dólares de deuda adquiridas por Macri en sus cuatro años de gobierno, y 40 mil millones por Milei en sólo dos años de mandato.

Pero eso, de por sí, aunque impresionante, no define la bondad o la maldad de esas políticas: ese dinero se podría haber utilizado para desarrollar sectores claves de la economía del país, invertir en alta tecnología, modificar el lugar de la Argentina en el comercio mundial y otras aplicaciones virtuosas. El problema reside en que esas deudas sólo se contrajeron para asegurar las ganancias de los especuladores: ellos se llevaron las ganancias y nosotros nos quedamos con la deuda.

La pregunta que habría que hacerle a todo plan económico es: ¿para qué? La pregunta no es muy difícil y podría formularse así: ¿cómo queremos vivir? ¿Qué suerte queremos que corran nuestros viejos? ¿Qué oportunidades educativas deseamos que tengan nuestros jóvenes? ¿Qué estrategias queremos desarrollar para proteger a nuestro país de las apetencias internacionales? ¿Qué valor le otorgaremos al trabajo y cómo defenderemos el trabajo nacional? Y así de seguido. Ninguna de esas preguntas se puede responder desde la economía.

Una vez que sepamos cómo queremos vivir, habrá llegado la etapa de debatir cómo lo lograremos. Ese será el momento adecuado para imaginar un plan económico que nos permita vivir como queremos y saber qué pasos debemos dar y qué tiempo esperar para lograrlo.

El debate económico es un debate de intereses, quién ganará más y quién ganará menos; el debate político es un debate de proyectos, si una sociedad solidaria o un sálvese quien pueda. El debate económico es un debate de medios, el debate político es un debate de fines. El debate económico nos enfrenta a otros que quieren un pedazo de la misma torta; el debate político nos une a otros con los que, queramos o no, vivimos en la misma sociedad.

La ausencia de programas políticos alternativos es, probablemente, una de las causas que permiten el avance de la ultraderecha, cuyo programa político es favorecer a los privilegiados a expensas de las mayorías, a partir de la creencia nunca comprobada de que la riqueza se derramaría.

Días pasados nos preguntábamos cómo nuestros bellos países llegaron a ser el depósito de pobres que son hoy. La verdadera pregunta, dijo una amiga uruguaya, es cómo lo hemos permitido.  

Quizás, hablando de economía.

Noviembre de 2025. emiliopauselli@gmail.com

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