Hace 80 años se produjo en la Argentina una elección presidencial donde una de las fórmulas contó con el apoyo expreso de los EE.UU., en esa oportunidad encarnado por el embajador norteamericano en Buenos Aires, Spruille Braden. Éste era un importante empresario, sindicado como responsable activo de la Guerra del Chaco defendiendo los intereses de la Standard Oil, traficante de armas en aquel conflicto, apoyo del dictador Batista en Cuba y uno de los dueños de la Braden Copper Company de Chile.
Con tan ilustres antecedentes, Braden intentó apoyarse en los sentimientos antifascistas de la sociedad argentina para llevar a un nuevo plano la doctrina Monroe, “América para los americanos”, ya en la fase de implementación del Gran Garrote como parte de la política expansionista del país del norte.
Su apoyo explícito a la fórmula de la Unión Democrática terminó siendo una trampa de la que no pudo salir. Al Libro azul, editado con la supervisión de Braden por el Departamento de Estado de EE.UU. en 1946, donde se acusaba a Perón de fascista, le respondió el Libro azul y blanco, que denunciaba la injerencia extranjera e inmortalizó la consigna “Braden o Perón”, que finalmente llevó a este último a la presidencia de la república.
Pareciera que 80 años después Braden, o Bessent o Trump, tuvieron su revancha, ya que lograron, aunque en elecciones de medio término, que se imponga la fuerza política del actual presidente, aliado incondicional de EE.UU., dejando en segundo lugar a los descendientes lejanos de aquel líder triunfante en 1946.
Pero qué costumbre la de este hombre de comparar peras con manzanas, protesta la lectora atenta de todos los lunes. Si lo dejamos seguir, agrega su amigo virtual, va a terminar echándole la culpa de todo a los países civilizados. Por suerte España nos trajo la religión verdadera, dice aquella haciéndose la señal de la cruz. Y Estados Unidos el progreso, agrega él mirando su iPod. Con el cuento de la patria quiere que sigamos viviendo como en la época de los indios.
Claro que la comparación entre Braden o Perón y la Argentina actual es más poética que real. La sociedad argentina de 2025 no es siquiera parecida a la de mediados del siglo pasado. Aquellos 15 millones de habitantes hoy son 47, se han integrado los entonces territorios nacionales y se otorgó ciudadanía a la mujer que, en aquella época, no podía elegir ni ser elegida.
Aquella era una sociedad de la palabra y de la reunión, ésta es una sociedad del mensaje anónimo. Aquella del diario, la revista y el libro; ésta, de la televisión, las plataformas y las redes. Aquella era una sociedad de la información, ésta es una sociedad de la suposición.
Tampoco es el mismo mundo. Acabaron las condiciones de posguerra que facilitaron los procesos de sustitución de importaciones, el sistema económico mundial se ha financiarizado –hoy nada produce más dinero que el propio dinero– y la tecnología va eliminando crecientemente puestos de trabajo ocupados por los humanos.
Y tampoco es el mismo planeta. Aquel era un planeta en peligro, éste es un planeta peligroso, donde el cambio climático afecta nuestra vida y compromete la vida de nuestros descendientes. Desde el mar hasta los glaciares, desde los desiertos hasta las praderas, todo se ve afectado por la manera en que la actual cultura se relaciona con la casa que cobija a los seres humanos.
La lista de los cambios acontecidos en los últimos 80 años podría ser, y de hecho lo es, mucho más extensa. La historia, la sociología, la geografía humana dan buena cuenta de ello. Pero no se puede dejar de señalar otro cambio sin el cual la situación actual sería difícil de comprender: en 1945 no sabemos que hubiera habido gobernadores, legisladores y dirigentes peronistas que apoyaran a Braden.
Diciembre de 2025. emiliopauselli@gmail.com