El “yo no sabía” ha sido, probablemente, uno de los recursos más utilizados en la historia para explicar conductas individuales y sociales que, vistas en perspectiva, resultan incomprensibles y también inaceptables.
Muchos ciudadanos alemanes afirmaron no saber lo que estaba ocurriendo bajo el nazismo donde se asesinaron aproximadamente ¿11? ¿14? ¿17 millones de personas? seis millones de ellas judías; muchos ciudadanos argentinos afirmaron no saber lo que estaba ocurriendo durante la dictadura militar que secuestró y asesinó a miles de militantes de causas populares; la mayoría de los ciudadanos tucumanos que eligieron democráticamente como gobernador al mismo gobernador de la dictadura militar quizás no sabían que se trataba de un criminal; muchos ciudadanos del Estado de Israel parecen no saber lo que está ocurriendo hoy con los palestinos producto del accionar de sus propias fuerzas armadas; muchos ciudadanos norteamericanos probablemente no sepan que el gobierno que han elegido está sembrando el terror en el mundo; muchos ciudadanos argentinos parecen no saber que hoy apoyan a un presidente que reivindica los crímenes del pasado, participa en estafas en el presente y compromete el futuro apoyando guerras como el ataque norteamericano-israelí a Irán.
¿Cuál es la trama interna del tejido del “yo no sabía” que lo hace tan eficiente y recurrente en los asuntos humanos?
Uno de sus hilos está constituido, sin dudas, por aquellos que verdaderamente no sabían. Aquí participan algunos grupos generacionales que, con poca información, se incorporan a la vida social, y también personas cuya capacidad de comprensión se reduce a lo que le dicen los medios de comunicación que consumen. El hilo de la ignorancia…
Claro está que este hilo, siendo fuerte, no representa a la mayoría de la sociedad, de la que se supone cierto conocimiento y capacidad de discernimiento algo más elevado. Así que aquí nos encontramos con un segundo hilo, el de los que pudiendo saber no sabían. Se trata de personas correctas en su desempeño privado, pero que ante la sospecha de lo que estaría ocurriendo miran para otro lado ya que, de reconocer lo que está pasando, su ética los obligaría a asumir riesgos que no están dispuestos a enfrentar. El hilo de la comodidad…
Pero, observando con detenimiento, otro hilo aparece imbricado con los dos anteriores, es el hilo de los que sabían, pero algo los asustaba más. Sabían que estaban desapareciendo y matando personas, pero el “comunismo” los asustaba más; no desconocen que el presidente argentino además de incompetente es una persona peligrosa, pero el “peronismo” los asusta más. No habría que subestimar el hilo del miedo: entretejido con la ignorancia y la comodidad, va configurando una tela ya bastante resistente.
Sin embargo, aun así, este lienzo sigue presentando defectos e imperfecciones. Para intentar subsanarlas, en el diseño del “yo no sabía” participa un cuarto hilo: el de los que saben, pero defienden lo que ocurre porque les conviene. Banqueros y empresarios que se benefician de tal o cual medida en particular, periodistas que mienten, jueces que no investigan, legisladores que aprueban leyes contrarias a los intereses sociales cuando ya no directamente inconstitucionales… en fin, que no existe la magia, sólo los ilusionistas. El hilo del cinismo…
¡Vaya tela! ¿no? ¿Se habrán inventado ya las tijeras para cortarla? Mi mamá, cuando encontraba alguna tela que le gustaba, antes de comprarla la miraba por el reverso. ¿Qué observaría allí?
“El yo no sabía”, visto del revés, no nos dice sólo “yo no sé” o “a mí, me conviene”: también agrega “tengo miedo” y “¿qué me espera en el futuro?”. Quizás la única manera de cortar con esas conductas que luego nos avergüenzan y se tornan inexplicables sea contando con un nuevo proyecto de sociedad basado en una ética compartida.
Porque, al fin de cuentas, las personas no obramos sólo por lo que sabemos, sino también por aquello que creemos nos permitirá seguir adelante con nuestras vidas.
Marzo de 2026. emiliopauselli@gmail.com