Cuando el médico se equivoca siempre

Hay una escuela de medicina que se caracteriza por realizar diagnósticos y proponer curas que nunca dan los resultados esperados. Aquellos diagnósticos resultan erróneos y, por consiguiente, la mejoría del paciente nunca se produce.

Sin embargo, su cuerpo teórico es consistente y sus prácticas se basan en sólidos principios que, aunque nunca comprobados, siguen a pie juntillas la teoría. La misma dice que el cuerpo humano se cura por sí solo, que en caso de enfermedad lo mejor es no hacer nada y dar tiempo, nunca se sabe cuánto, hasta que recupere el equilibrio perdido.

Una cura dilatada en el tiempo siempre es incontrastable. Si el paciente muere, eso no cuestiona la validez de esta medicina: sólo le faltó tiempo para curarse o, en la mayoría de los casos, el paciente, ignorante, hizo algo para mejorar su situación y esto impidió que el organismo, por sí mismo, recuperara la salud.

Estas prácticas médicas, claro está, no utilizan medicamentos, propinando un duro golpe a la industria farmacéutica. Cualquier elemento extraño que se introduzca en el organismo llevará a la debacle total, sólo hay que permitir que éste haga lo que quiera hacer ya que su sabiduría es infinita.

De más está decir que no se recomienda ninguna dieta, el cuerpo solo sabe qué debe comer. Como no se utilizan medicamentos, tampoco se realizan análisis. El colesterol, la glucemia o la escasez de glóbulos rojos, o el exceso de blancos, nada indican: el organismo es así, él solo encontrará su camino a la prosperidad.

Tampoco hay indicaciones sobre el estilo de vida: hay cuerpos que optarán por el sedentarismo total, otros que realizarán deportes, algunos harán gala de su obesidad mientras que otros deambularán esqueléticos, anémicos o desnutridos por el mundo. Cualquier indicación que el médico de esta escuela hiciera a su paciente al respecto estaría constituyendo una flagrante violación a la teoría, además de una inaceptable limitación a su libertad.

El control de la presión arterial es cosa del pasado: el sistema circulatorio ya encontrará los niveles de presión adecuados para ese organismo. Los tumores deben dejarse en paz: el cuerpo no genera tumores, éstos son el resultado de injerencias externas basadas en creencias injustificadas, así que la única terapia recomendada es dejarlos evolucionar de acuerdo a su naturaleza y, en caso de que produzcan molestias mayores, extirparlos o reprimirlos a través de métodos violentos. Aunque a usted le parezca increíble, los garrotazos, los gases lacrimógenos y la cárcel son las únicas terapias aceptadas por esta escuela.

Pero el factor patógeno principal que desde esta corriente se combate es la planificación. Nada más nocivo que planear la salud del cuerpo y del alma, o de un país, o de la economía. Cualquier intento en este sentido sólo producirá cuerpos enfermos, esclavos de sus patologías, hasta transformarlos en monstruos deformes.

¿Qué usted no conoce ninguna escuela de medicina que propugne estos principios? Bueno, eso tiene remedio, le informamos: su creador ha sido un señor llamado Hayek y su declaración filosófica se encuentra en un libro titulado “Camino de servidumbre”, donde explica cómo se producen los cuerpos enfermos.

Como esta escuela resultó tan atractiva para aquellos estudiantes que nunca pudieron aprobar anatomía, fisiología o farmacología, contó con alumnos entusiastas. No se exigía mucho de ellos: la única consigna era no hacer nada y dejar que las cosas se arreglen por sí mismas. Como no podía ser de otra manera, rápidamente otras ciencias, como la economía o la política, copiaron este modelo epistemológico que exigía tan poco de las mentes humanas.

Claro que existe cierta preocupación por la ética que subyace a todas estas teorías. Retomando la vieja discusión dejada inconclusa en la República de Platón, sobre si los cuerpos a los que la naturaleza no les había provisto de las condiciones necesarias para una vida buena debían vivir o no, han hallado una respuesta categórica: no merecen vivir, ya que sólo lo harían a cuenta del esfuerzo de los demás chupando la sangre, o los impuestos si se tratara de la economía, de las personas sanas.

¡Basta de enfermos incurables!¡Basta de ancianos inservibles! ¡Basta de niños a educar! ¡Basta de pobres! ¡Basta de muertos vivos que hacen desgraciada nuestra vida diaria!

¡Haga patria, mate un zombie! O, por lo menos, apoye al que se tome tan molesta tarea.

Febrero de 2024. emiliopauselli@gmail.com

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