La misoginia al poder

Por estos días, en la Argentina es necesario completar la Corte Suprema de Justicia. Esta debe estar integrada por cinco miembros y, de los cuatro con que cuenta en la actualidad, uno está en vísperas de retirarse por edad.

El gobierno ha propuesto al Senado dos candidatos, lo que daría continuidad a una Corte totalmente integrada por varones. Si bien la Constitución y diversas leyes recomiendan la representación en paridad de varones y mujeres, entendiendo que la ausencia de estas últimas en cualquier órgano de la sociedad es la primera y más penosa forma de discriminación que se puede llevar a cabo entre seres humanos, el gobierno dice, con razón, que esas son recomendaciones que no está obligado a seguir.

Claro que dicha representación paritaria no garantiza que la justicia deje de ser profundamente patriarcal, así como el acceso de un negro a la presidencia de un país no asegura que los intereses de los afrodescendientes sean respetados ni que un descendiente de pueblos originarios en el poder afiance sus derechos. Eso sería una ingenua biologización de la política.

Pero la exclusión de mujeres, o negros, o representantes de pueblos originarios de los lugares de decisión tampoco parece ser un camino deseable. Es como afirmar, sin decirlo con palabras, la subalternidad de todos esos colectivos sociales, algunos de ellos, como el de las mujeres, que constituyen la mitad de la especie humana.

Distintas metáforas se han creado para describir formas encubiertas por las que se impide a las mujeres ocupar en la sociedad una posición igualitaria con la de los hombres. Probablemente la más conocida de ellas se refiere al “techo de cristal” que éstas enfrentarían tanto en la actividad privada como en la pública para alcanzar ciertas posiciones: aparentemente nada se los impide, pero en la realidad el acceso a esos lugares se les torna mucho más dificultoso que a los varones, haciendo en ocasiones que eso sea prácticamente imposible. Es como si un techo invisible, pero eficaz, pusiera límite a sus posibilidades. Sepa usted, por ejemplo, que en la historia del tribunal superior de la Nación hubo 108 jueces varones y sólo tres jueces mujeres, cuando desde hace décadas el desempeño de éstas como juezas o como académicas en diversos temas del Derecho ha sido muy destacado.

Pero, dirá alguien que sospeche de que el autor de estas líneas pueda tener alguna animosidad contra el gobierno actual de su país, que este gobierno ha designado a mujeres en puestos claves, como a la actual ministra de Capital Humano, dependencia que ha concentrado a los anteriores ministerios de Educación, de Trabajo y Seguridad Social, de la Mujer,  y de Desarrollo Social, o a la actual ministra de Seguridad, quien desarrolla un protocolo represivo violatorio de todos los pactos internacionales de defensa de los derechos humanos firmados por la Argentina y por lo que ya se halla denunciada en la justicia local e internacional.

Bueno, una metáfora menos conocida pero no por eso menos apropiada es la que habla de “el acantilado de cristal”. Éste estaría representando altos lugares de decisión acompañados, a la vez, de altos riesgos y probabilidades de fracaso. Los varones, más duchos en eso de ocupar lugares de poder, no disputarían con la misma energía esos puestos que conllevan altas probabilidades de terminar en un desastre y afectar así sus carreras a futuro.

Y esta situación nos lleva, una vez más, a reflexionar sobre la manera en que la sociedad expresa sus adhesiones y sus rechazos. A creer a los estudiosos de esos temas, una proporción importante de mujeres, en especial jóvenes, habrían apoyado con su voto al actual gobierno.

Parece que palabras viejas como “concientización” o “esclarecimiento”, tan olvidadas y criticadas, deberemos sacarlas del arcón de los recuerdos y ponerlas nuevamente en práctica. Y quizás dejar de creer que eso se puede hacer a través de las redes sociales: éstas quizás sean muy eficaces para transmitir el odio; el amor y la vida parecen requerir el contacto cara a cara.

Julio de 2024. emiliopauselli@gmail.com

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