Muchas culturas antiguas han venerado a dioses de transiciones, los que unían el inicio con el final, los que abrían las puertas para que comenzaran nuevos procesos y que también las cerraban para que algo se diera por terminado.
El romano Jano fue uno de estos dioses, famoso por sus dos caras y recordado aún en nuestros días. Muchos creen que era el dios más importante del antiguo panteón romano, mientras que otros entienden que el nombre del mes que da inicio al año ha sido elegido en su homenaje.
¿Qué es lo que miran las dos caras de Jano? Una de ellas mira al pasado o al presente, que en eso hay distintas opiniones entre los antiguos, pero la otra cara –y en eso hay unanimidad– mira hacia el futuro. Una de sus caras ha visto, así, todo lo que ocurrió y lo que está ocurriendo, mientras que la otra mira lo que está por venir.
¿Qué porvenir espera a la sociedad argentina, única de la región donde un grupo de fanáticos ultraderechistas combinan ignorancia económica con desinterés por el futuro de las personas y grupos sociales que les toca gobernar? Jano estaría observando con una de sus caras la creciente violencia política que asola al país, desde la verbal hasta la material, reprimiendo con palos y gases a todo ciudadano que quiera expresarse en el espacio público, así sean ancianos que reclaman se aumenten sus míseros ingresos.
Pero lo que ve su rostro vuelto al futuro nadie lo sabe. ¿Será posible que durante mucho tiempo una parte de la sociedad siga creyendo que vivir peor es la condición para vivir mejor? ¿Que perder derechos es la antesala de mayores oportunidades? ¿Que los negocios que diariamente hacen los gobernantes con empresas extranjeras entregando las riquezas nacionales creará empleos en el futuro? ¿Qué esos empleos compensarán los cientos de miles que ya se han perdido en pocos meses con sus políticas? ¿Que el vaciamiento de las reservas en oro del Banco Central seguirá pasando desapercibido?
Pero quizás eso ni siquiera sea lo más importante. ¿Verá Jano que los representantes que han hecho de la política un negocio personal reflexionarán sobre sus responsabilidades por la situación actual? ¿Existirá en los grupos democráticos la suficiente generosidad política para anteponer los intereses de la sociedad a la renovación de sus cargos? ¿Comprenderán los que dicen oponerse al actual gobierno que el mundo atraviesa una etapa compleja que requiere enfoques diferentes a los dogmas que sostienen desde hace décadas con pobres resultados?
Como no podemos saber nada de eso, lo único que está a nuestro alcance hacer es, como los antiguos romanos, dejar abiertas las puertas del templo de Jano. Este templo no se asemejaba en nada a las construcciones destinadas a otros dioses: el de Jano era, en verdad, algo parecido a un largo pasillo, con una puerta en un extremo y otra puerta en el otro. En las épocas de paz y tranquilidad ambas puertas permanecían cerradas; no había angustias sobre el futuro y así el dios podía descansar.
Pero en las épocas convulsionadas, ambas permanecían abiertas. Se creía que así el dios, pudiendo ver con sus dos caras, haría todo lo que estuviera a su alcance para favorecer a su pueblo. Como ese templo ya hace siglos que no existe, podemos imitar esa estrategia manteniendo abiertas las puertas de nuestra cabeza, para que desde un pasado donde se han magnificado los logros y no se han querido ver los graves problemas que subsistían, podamos pasar a un futuro donde vuelva a ser un precepto inviolable que lo primero es la patria, y que la patria es el otro.
No ya una bandera, no ya un himno. Mientras siga aumentando la cantidad de compatriotas que duerme en la calle, la de los que deben elegir entre pagar los servicios básicos o comprar comida, la de los que resignan la adquisición de medicamentos que son imprescindibles para su salud, mientras la mayoría de los niños se vaya a la cama sin cenar, no existe propiamente una patria. Sólo se trata de individuos aislados e indefensos que no logran impedir que su futuro les sea arrebatado.
Pero Jano acaba de ver, también, cómo muchos de esos individuos han elegido a sus actuales gobernantes, a los mismos que los reducen a condiciones de vida deplorables. Quizás sea cierto que los seres humanos no guiamos nuestra conducta sólo por intereses y que haya que conceder un papel más importante a las creencias que tenemos porque, como no resulta difícil comprender, no importa cómo sea el mundo: nosotros actuaremos siempre de acuerdo a como creemos que es.
Y a una parte de la sociedad los lobos le han hecho creer que nadie mejor que ellos para cuidar al rebaño.
Septiembre de 2024. emiliopauselli@gmail.com