En el denominado Mayo francés de 1968 una de las consignas que trascendió las fronteras, pintada por estudiantes en los muros de París, rezaba: “Prohibido Prohibir”. Esos estudiantes franceses, que lo que anhelaban era la libertad, estaban equivocados.
Mucho se ha escrito sobre la libertad, al punto que podríamos organizar toda una biblioteca que se refiriera al tema: libertad natural, libertad social, libertad política, libertad personal, libertad positiva, libertad negativa, si existe la libertad, si no existe la libertad, en fin, todo eso que Google sabe, sólo hay que preguntarle.
Pero como esta página se refiere a las cosas que no están en Google, vamos a pensar juntos. Somos libres si podemos hacer lo que queremos, ¿no? Si podemos decidir, autodeterminarnos, ser autónomos. En eso hay bastante consenso entre los seres humanos.
Por ejemplo, libertad es caminar por la calle sin que nadie nos mate, o decir lo que pensamos sin temor a represalias, o poder salir de nuestro país y regresar cada vez que lo queramos. Pero, si pensamos en estos ejemplos, deberemos reconocer que la libertad de caminar por la calle sin que nadie nos mate se basa en que está prohibido matar, que decir lo que pensamos sin temor a represalias obedece a que está prohibido censurar las ideas, y que poder salir de nuestro país y regresar cada vez que lo queramos tiene su fundamento en que está prohibido impedir la libre circulación de las personas.
Como verán, entonces, a cada libertad le corresponde una prohibición, como dos caras de una misma moneda. Sin esas prohibiciones la libertad de la que gozamos los seres humanos sería, sencillamente, imposible. Porque viviendo en sociedad, como vivimos, nuestra libertad existe en el espacio que los demás tienen prohibido invadir.
Cuando queremos saber más sobre la libertad, la que tenemos o la que se nos promete, una buena manera de hacerlo es descubrir cuáles son las prohibiciones que la permiten. Más ahora que la extrema derecha ha puesto tan de moda la palabra “libertario” y la idea de que la “libertad avanza”.
Lo que estas nuevas expresiones políticas se afanan en prohibir son los reclamos de los trabajadores, o que el Estado se fortalezca y ayude a un desarrollo más igualitario de la sociedad, o que se defiendan los recursos naturales. Siendo esas las prohibiciones, queda claro entonces que lo que se alienta es la libertad de los grandes grupos económicos para aumentar sus ganancias a expensas de los salarios, las políticas previsionales y las riquezas del país.
Claro que la ampliación de esas libertades implica la restricción de otras, con sus respectivas prohibiciones. No otra cosa son los decretos que anulan leyes. Por ejemplo, hasta hace unos meses en Argentina estaba prohibido despedir a un trabajador sin pagarle su correspondiente indemnización, cuyo monto estaba relacionado a los años de servicio que había dedicado a ese empleador. Al anular esa prohibición, el empleador es libre de despedirlo sin ningún tipo de compensación.
Alrededor de qué prohibir, y, por lo tanto, qué permitir, gira gran parte de la ingeniería social que hace posible la vida en común. Las teorías “libertarias”, que se presentan como novedosas, son, en verdad, viejas teorías –ya ensayadas y fracasadas una y otra vez– que dicen que cuanto más ricos sean los ricos, más riqueza se derramará sobre la sociedad. La famosa teoría del derrame, nunca comprobada, tiende a eliminar todas las prohibiciones que impidan el enriquecimiento y el empobrecimiento sin límites. De eso se trata la nueva libertad.
Por eso insisten en que la justicia social es un robo y que los verdaderos héroes son los contrabandistas, como el Senador detenido en la frontera con Paraguay cuando fugaba doscientos mil dólares en efectivo en su sexto viaje del año. Las leyes que expresan prohibiciones que tienden a garantizar ciertas libertades al conjunto de la población deben ser derogadas. Sólo hay que promulgar leyes que atiendan la libertad de la circulación del dinero.
La repetida represión a los ancianos que los días miércoles se reúnen frente al Congreso de la Nación a reclamar por la licuación de sus haberes, situación extremadamente agravada por la suspensión del acceso gratuito a medicamentos, es un ejemplo del lado oscuro de la libertad. La libertad de reprimir se basa, en este caso, en la prohibición de reclamar.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ¿Quién hubiera dicho que libertad y prohibición caminaban juntas de la mano?
Diciembre de 2024. emiliopauselli@gmail.com