Página y media les desea pasen unas felices fiestas junto a sus afectos, renovando las esperanzas de que el 2025 sea un año donde aumente la resistencia a la desigualdad, a la discriminación, a las guerras y genocidios que, a pesar de todas las declaraciones de los líderes mundiales, siguen formando parte de la experiencia humana del presente.
En la eterna lucha entre el bien y el mal, tan bien captada por la literatura, el cine y el pensamiento religioso, se repiten escenas donde los avances y retrocesos de cada uno de esos principios definen épocas. La Santa Inquisición actuaba en nombre de la Verdad, la colonización del mundo por parte de las potencias económicas en nombre de la Civilización, el nazismo en nombre de la Pureza racial, el neofascismo contemporáneo en nombre de la Libertad.
Verdad, Civilización, Pureza, Libertad. Siempre el mal ha actuado disfrazado de bien; el viejo lobo que se hace pasar por la abuelita, aunque nunca haya podido disimular completamente sus grandes dientes ni su insaciable apetito.
Una dentellada atroz está terminando con la vigencia de los derechos humanos en la Argentina, pero a su vez, por escasísimo margen, algunas sociedades renuevan su fe en un mundo mejor, como en Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia o Colombia. Son episodios de una temporada traumática, pero no más que aquella que atravesamos cuando la región estaba dominada por dictaduras asesinas apoyadas por los gobiernos de la primera potencia mundial: EE.UU.
El reagrupamiento de las fuerzas del bien está siendo especialmente difícil en algunos de nuestros países. En ello confluyen factores diversos, desde discrepancias programáticas hasta personalismos que han alterado el orden de las creencias: hoy sería difícil volver a aplicar el viejo apotegma de “primero la patria, después el movimiento y luego los hombres”. En algunos casos se ha transformado en “primero yo, después el movimiento (que me sostiene a mí) y luego la patria (a la que vamos a redimir en la medida que me elijan).
La historia es cruel cuando se trata de verificar el cumplimiento de ciertas profecías. “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”, afirmó Juan Domingo Perón, donde el 2000 era la metáfora del siglo XXI. Ya no hay acertijo: nos encontró dominados.
Pero, en este enfrentamiento eterno, el diablo siempre mete la cola. Luego de décadas de lucha en América Latina para mejorar la condición de vida de nuestros pueblos, luchas regadas de heroísmo, se encontró la manera de esterilizar ese avance de las fuerzas del bien. ¿Cómo? Transformando a los representantes políticos de la sociedad en personas ricas o con posibilidades ciertas de serlo.
Así, ya el diputado o el senador, el concejal o el dirigente sindical dejaron de ser los representantes del ciudadano, del vecino o del trabajador, y pasaron a ser los representantes de las empresas, ya sea como lobistas, como accionistas o como propietarios. Este cambio dejó sin representación a la sociedad en la estructura de las actuales democracias.
Por eso, sin restarle mérito a los programas y propuestas electorales, será difícil tomar decisiones de a quién apoyar si no se explica con claridad cómo se conforman las listas de candidatos. Claro está que no alcanza con identificar la pertenencia partidaria a tal o cual lista: ya es moneda corriente ser electo por una fuerza y pasarse luego a otra políticamente contraria, y, lo que es más significativo, ser detenido mientras se intenta pasar ilegalmente miles de dólares a través de la frontera, dólares aparecidos luego de votar leyes contrarias a la plataforma que los llevó a su cargo. El actual gobierno de la Argentina, que se presenta como “purificador” del Estado, designa funcionarios que no pueden resistir investigaciones periodísticas –que las judiciales ya se saben amañadas– sobre el origen de sus fortunas, como, entre otras, las autoridades que hasta ahora han desfilado por la agencia recaudadora de impuestos (ARCA) de las que sería dable esperar una trayectoria de probidad.
Es cierto que una parte de la sociedad argentina sigue como encantada con el refrito de fake news, información económica falsa y viejos odios y decepciones que exacerba el actual gobierno, pero no es menos cierto que, mire para donde mire, la misma sociedad no ve nada creíblemente distinto. Nadie logra explicar por qué, luego de 16 años de gobierno “nacional y popular”, vuelve a instalarse un proyecto neoliberal que ya ha fracasado estruendosamente cada vez que se intentó aplicar.
Hay quienes dicen que no se supo comunicar lo que se hizo. Otros opinan que el problema fue lo que no se hizo. Nuestra tesis es más modesta: si se siguen integrando las listas de candidatos con personas enriquecidas con la política o con aspiraciones a enriquecerse con su ejercicio, no se logrará ni hacer lo que debe hacerse ni comunicar lo incomunicable.
Nos reencontramos en enero de 2025. Abrazo para todos y todas.
Diciembre de 2024. emiliopauselli@gmail.com