El próximo virus

La infección por coronavirus no es la primera que sufrimos y todo parece indicar que no será la última.

¿Hacemos memoria? En los últimos 20 años, para no irnos más atrás, nos la vimos con varias epidemias causadas por virus: SARS1, Gripe A (H1N1), Zika, Chikungunya, Ébola, MERS, Sarampión, Dengue, Fiebre Amarilla y la última figurita: COVID19. Más locales, más regionales o planetarias, han afligido a la especie humana con su secuela de contagios y muerte.

Todas estas infecciones, además, han sido producidas por virus que circulan desde hace tiempo y que, en algunos casos, conocíamos hace muchos años. Hoy sabemos que el VIH1 circuló entre humanos por 60 años y solo se detectó cuando se identificaron casos de SIDA en los Estados Unidos y en Europa. El virus zika fue aislado en 1947 y el virus chikungunya en 1953. La familia de los virus Corona es ampliamente conocida como causa de enfermedad en humanos y animales.

O sea que, si conocíamos los virus y vemos la regularidad con que estas infecciones se presentan, teníamos todos los datos para saber que habría una próxima infección, pero igualmente nos tomó totalmente desprevenidos. La prevención no produce ganancias. Prepararnos para algo que quizás no ocurra es perder el tiempo y la plata. Cuando aparezca, ya veremos qué negocio podemos hacer.

Claro que hay factores de distinto tipo que aumentan nuestra exposición e indefensión: a) nuestra relación de dominio y explotación irracional de la naturaleza y los otros seres vivos que coexisten con nosotros en el planeta; b) el aumento de la cantidad y la velocidad con la circulamos los seres humanos por el mundo; y c) la permanente reducción de infraestructura sanitaria tanto en el sector público como en el privado, guiado en el primer caso por las estrategias neoliberales de reducción de los gastos del Estado y en el segundo buscando mayor rentabilidad para los accionistas.

Mientras tanto, con la declarada pandemia de COVID19 la desorientación aún es generalizada en muchos planos. Las estrategias para controlar el contagio fueron desde no hacer nada ya que se trataría de “una gripecita” hasta la cuarentena total de la población. Mientras que los primeros privilegiaron no interrumpir la actividad económica, los segundos entendieron que sin medidas drásticas la situación podía volverse incontrolable.

Los análisis políticos y filosóficos también difieren grandemente. Algunos entienden que el aislamiento social impuesto es el triunfo definitivo del neoliberalismo, ya que se habría instalado una nueva forma de represión aceptada donde “el otro” es el enemigo del que hay que cuidarse. Otros, por el contrario, creen que estamos ante un cambio planetario que incluirá la caída del capitalismo y con él del individualismo consumista, para dar paso a una sociedad colaborativa donde todos estaremos preocupados por la suerte del prójimo y estableceremos nuevas relaciones de respeto con la naturaleza.

Pero la pregunta sigue pendiente: ¿qué hacer, entonces, para enfrentar el próximo virus que, sin falta, afectará a la especie humana?

Trasciende que hubo intercambio de información para el diagnóstico inicial, la secuenciación y la distribución de test diagnósticos entre las organizaciones sanitarias de distintos países. Mientras tanto hay una carrera despiadada entre distintos laboratorios para ver quién obtiene la primera vacuna para el COVID19 y de esta manera asegurarse ventas y ganancias astronómicas. Aquí no hay ningún tipo de colaboración, al contrario.

Ya hemos dicho en otras oportunidades que mercado y salud humana no se llevan muy bien. Quizás se haya abierto la posibilidad de considerar lo sanitario como un bien público, de reducir a su mínima expresión “el negocio” de la salud, de establecer una colaboración planetaria en temas de investigación sobre la protección de la vida biológica de la especie humana y de entrar en un mundo donde cobrar por servicios de salud se considere una lacra semejante a la esclavitud o al holocausto. Modificar la biopolítica para enfrentar la necropolítica.

Sería algo intermedio, como quitarle una escama al dragón. No se va a morir por eso, pero quizás se debilite la escama de al lado –la educación–, y la de al lado, y la de al lado, y ya no tenga tantas fuerzas para seguir matando a tantas víctimas inocentes.

Abril, 2020

emiliopauselli@gmail.com

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