Toda la naturaleza, desde una planta hasta un vertebrado superior, se esfuerzan por “permanecer en el ser”, como registrara genialmente Baruch Espinoza. La hora de vivir la proclama esa flor que despliega su color y su perfume frente a nuestros sentidos, la abeja que recoge el polen de la misma flor o la llegada de un nuevo habitante humano al planeta que, en poco tiempo, podrá disfrutar del sabor de la miel.
Sin embargo, en Uvalde, Texas, el asesino de 19 niños y dos maestras entró al aula al grito de ¡Hora de morir! Es la mayor masacre en una escuela de EE.UU. en la última década, pero es el tiroteo número 30 que se registra este año en un establecimiento educativo de ese país. O sea, si tenemos en cuenta que recién transcurrieron hasta ahora cinco meses, tenemos un promedio de seis episodios violentos con disparos por mes sólo en escuelas.
Claro que el presidente Biden comete un grosero error de interpretación al hablar de “violencia sin sentido”. Se trata sólo de un sentido que es difícil de reconocer ya que cuestionaría la antropología implícita en el modelo cultural de aquella sociedad. La libertad para adquirir y portar armas no es la causa de esa disfunción, sino su consecuencia.
Sin embargo, y sin extendernos en consideraciones sobre lo que pasa en aquellas latitudes, en la Argentina hay voceros que promueven lo más negativo de esa cultura y, como es lógico, alientan los mismos dispositivos sociales. No otra cosa es la prédica de Javier Milei sobre la libertad de comprar y portar armas haciendo alusión a que no permitirlo constituiría algún tipo de agravio a la libertad individual.
Como los males nunca vienen solos, el mismo personaje aboga por la libertad para vender distintas partes del propio cuerpo. Si mi riñón es de mi propiedad, y el único dios que queda en pie es el dios de la propiedad privada, yo con ese órgano puedo hacer lo que me venga en ganas. Si lo quiero cambiar por dinero, impedirlo constituye otro tipo de agravio a la libertad personal.
Los propios padres del liberalismo al que el sujeto de marras dice representar sabían bien que la libertad de las personas era una abstracción, un ente teórico destinado a fundamentar el modelo de organización social surgido de la Revolución Industrial. Cualquiera de ellos hubiera comprendido que la libertad de portar armas en la sociedad actual permitiría a los poderosos rodearse de verdaderos ejércitos para defender lo que ellos consideraran como sus intereses, y que la libertad de comercializar órganos sería sólo una manera de legitimar que los pobres los vendan a los ricos que los necesiten para mantener o recuperar su salud.
Y como los medios de comunicación viven de vender, y otros de cosas más inconfesables aún, el personaje se pasea por los canales de televisión, radios y revistas, en algunos casos como una curiosidad y en otros como un mensaje “novedoso” que promete terminar mágicamente con todas las dificultades que enfrentan las sociedades actuales.
En teoría política es un caso más de la paradoja de la democracia: es un sistema que permite expresarse aun a aquellos que están en contra de la democracia. La vieja Europa, luego de desestimar la aparición de este tipo de discursos, ha visto resurgir fortalecidos a diversos movimientos neofascistas que reivindican las practicas más oscuras de la historia moderna.
La denominación de “anarcocapitalismo”, que para algunos resulta curiosa, consiste sólo en reivindicar para la sociedad humana la ley de la selva: el más poderoso se come al más indefenso y, de esa libertad de comerse, o de portar armas o de vender órganos, surgiría una sociedad deseable, mejorada y próspera.
Es la fantasía, siempre esperanzadora, de que hay algo por fuera de nuestra responsabilidad y de nuestras acciones que traerá el futuro deseado. La Idea, las fuerzas productivas, el mercado o la naturaleza funcionan de manera automática sin que debamos prestarle atención y, finalmente, llevarán la nave al mejor puerto.
No importa que el capitán haya reprobado geografía, que el timonel esté borracho y que el contramaestre no sepa atar una soga: la nave va. Bueno, va hasta que se va a pique.
Junio de 2022. emiliopauselli@gmail.com