Suprema a la Maryland

Esta receta no es secreta, pero en cada país tiene sus variantes. Hoy les acercamos a nuestros lectores la versión argentina de tan afamado plato. Empecemos como se debe, por los ingredientes:

Ingredientes:

Tres pollos asustadizos

Justicia rallada grueso

Huevos NO

Salsa blanca, la roja es muy peligrosa

Historia de la receta:

La suprema a la Maryland ha sido una de las recetas más controversiales que se conocen, ya que en cada país y situación se le agregan o quitan ingredientes de manera de adaptarla a las especies y frutos disponibles.

Así, una es la versión brasileña, la que se utilizó para dejar fuera de la competencia electoral a Lula y facilitar el triunfo de Bolsonaro, otra distinta cocinaron los ecuatorianos para proscribir a Correa y también existe la versión de la cocina peruana, famosa por sus logros en la fusión, para mantener encarcelado a Castillo.

La suprema a la Maryland, como su nombre lo indica, tiene su origen en los Estados Unidos de Norteamérica y, por más variantes que se incluyan, siempre sigue obediente a su país natal.

Preparación:

Para preparar esta receta como es debido hacen falta tres elementos que no pueden faltar en su cocina. El primero de ellos es una prensa hegemónica que pase todo el día hablando de las bondades de la suprema y del riesgo que implica preparar cualquier otra clase de receta. El segundo, un equipo de trolls muy bien pagados que inunden las redes con expresiones de odio hacia comidas alternativas y, tercero, instalar la confusión entre las fack news y la libertad de prensa.

Esos tres elementos se encontraron en abundancia en la Argentina y terminó modelando el tipo de Suprema a la Maryland que finalmente se cocina. Es cierto que su gusto no es quizás el de las recetas mejor elaboradas, pero, en fin, que todo no se puede: lo importante es que el plato esté finalmente servido.

Con qué se puede y con que no se puede acompañar este plato:

Este plato va muy bien con guarniciones autoritarias, ya sean militares, de seguridad o policiales. Éstas impiden, con relativa eficacia, que los que prefieren otros platos logren expresarse. También marida con endeudamiento externo, ya que los costos de la receta no pueden ser abordados con los recursos del país. Y una pizca de corrupción definitivamente realza el plato, ya que las condiciones necesarias para prepararlo requieren de la participación de muchas personas que, de no estar bien pagas, probablemente no se sumarían a la promoción de la Suprema.

Lo que está totalmente contraindicado es acompañarlo con democracia: si usted se pone a preguntarle a cada uno lo que quiere elegir, se pierde la magia de la Suprema. También está contraindicado poner en la mesa los pactos internacionales que garantizan a todos el acceso a la justicia, y, definitivamente, sería de mal gusto acompañar este plato con consideraciones sobre la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.

Es esperable que la Corte Interamericana de Derechos Humanos o la Corte Internacional no se sumen a la venalidad de la Corte Suprema de Justicia de la Argentina para convalidar un proceso judicial vergonzoso contra la expresidenta Cristina Fernández, con el único fin de proscribirla electoralmente. Pero ¿qué más da que en el futuro la Argentina sea condenada? Los protagonistas de esta receta ya estarán disfrutando de sus jubilaciones de privilegio y su buen nombre no parece ser algo muy importante para ellos.

Junio de 2025. emiliopauselli@gmail.com

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