Un mundial, un mundo

“La fruta no cae muy lejos del árbol”, dice el refrán popular. Y la realización de un mundial de fútbol no puede ser muy distinta al mundo que le da origen.

Qatar será sede de todas las maravillas y las miserias de nuestra cultura. Tecnología, estadios construidos desde la nada en un desierto, sistemas de refrigeración para climatizarlos en una parte del planeta donde las temperaturas habituales oscilan entre los 40 y los 50 grados centígrados.

¿Cómo se ha elegido un lugar sin tradición futbolística, sin población que disfrute de llenar sus estadios, sin ningún tipo de preponderancia en el mundo de este deporte para ser sede de un mundial? Muy sencillo, hubo el dinero suficiente para conseguir los votos necesarios en el congreso de la FIFA que tomó esa decisión.

Pero no vaya a creer usted que unos delegados fueron sobornados, para levantar la mano a favor, con un sobre lleno de billetes. Nada de eso, no se han inventado aún sobres tan grandes. Sólo fue casualidad que, poco después de que el delegado francés comprometiera los votos de la UEFA a favor de Qatar, ese emirato comprara aviones a Francia por miles de millones de dólares. ¡Aprendan a ahorrar en sobres!

Claro que la escandalosa elección de la sede del mundial terminó en la justicia, en este caso la de Suiza. Pero, como la justicia también es parte de este mundo donde regularmente se exculpa a los ricos y poderosos, poco a poco, como para que no se note, va dictando sobreseimientos para todos los imputados en tan escandaloso hecho.

Alguien dirá que, por lo menos, en la construcción de la infraestructura necesaria para realizar el evento se crearon miles de puestos de empleo para los qataríes. Pero, como las condiciones de trabajo también pertenecen a este mundo, los trabajos pesados fueron realizados por miles de inmigrantes procedentes de Nepal, India, Bangladesh y otros países asolados por la pobreza. Para llegar a Qatar debieron pagar fuertes sumas a los contratistas y, en muchos casos, quedar endeudados por cifras casi casi equivalentes a las que finalmente ganaron.

El gobierno de Qatar se queja, con razón, de lo que considera una campaña en su contra por las denuncias de que en esas obras habrían muerto aproximadamente 6.500 trabajadores. Insisten en que han sido sólo tres los operarios muertos por accidentes de trabajo y dicen verdad; los otros 6.497 murieron por deshidratación, paros cardiorespiratorios y otras consecuencias de trabajar a 50 grados centígrados en extensas jornadas, sin viviendas ni alimentación adecuadas. Ni que hablar de los miles de reclamos y “acuerdos amistosos” que esos mismos trabajadores tuvieron que llevar adelante para cobrar algo de lo prometido.

Nada vamos a decir de las limitaciones que encontrarán las mujeres y las personas que no sean heterosexuales en aquel país, porque sería, según se ha puesto de moda, no respetar su cultura y sus costumbres. Y nada podemos decir porque el problema real es que la FIFA elija para realizar su mundial a un país que castiga a las culturas diferentes a la suya con persecución y cárcel.

Pero, bueno, nos agrega aquel que tiene la virtud de encontrar lo positivo aun en las situaciones más terribles: la fiesta deportiva no podrá ser empañada.

¿Lo cree usted? Las estrellas que llegarán a esta justa deberán jugar hasta el fin de semana anterior para sus clubes, por lo que la posibilidad de cada selección de entrenar como equipo es prácticamente nula. Una semana estarán jugando por la copa del rey y a la siguiente defendiendo los colores de su país en el mundial.

Como esto no era suficiente para adecuar el calendario al capricho de esos poderosos, este será el mundial más breve de la historia desde que en el mismo participan 32 equipos. Aunque tres días menos puedan parecer pocos, acorta en un 10 % el calendario destinado a la competición. Pero eso no es algo tan grave, total lo soporta el cuerpo de los jugadores de elite que ganan millones de dólares: al fin y al cabo, lo principal no es su salud, sino que nos diviertan y emocionen como justificadamente esperamos.

Pero no todas las lacras del mundial se deben a que se juega en Qatar: algunas miserias son permanentes, como los horarios a los que los intereses de la televisión obligan a jugar. Porque la televisión también pertenece a este mundo. Cuando, emocionados, nos levantemos el 22 de noviembre para ver a Argentina contra Arabia Saudita a las siete de la mañana, ellos estarán jugando a las 13 horas, el momento de más calor en cualquier geografía del planeta.

Pero, como nosotros también somos parte de este mundo, sabremos disimular todos estos pequeños detalles y, envueltos en la celeste y blanca, alentaremos a la scaloneta como locos. ¿Ellos quieren su mundial? Nosotros queremos nuestra copa, y no hay más que hablar.

¡Vamos, Argentina!

Noviembre de 2022 emiliopauselli@gmail.com

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