El mito de la rana

La literatura de autoayuda ha popularizado el mito de la rana. Según el mismo, si a una rana se la hecha dentro de una olla de agua caliente, ésta salta para preservar su vida. Pero, en cambio, si se la coloca en la olla con agua natural y se va subiendo la temperatura de a poco, la rana no reacciona y termina muerta.

Algo de esto parece haber pasado con la democracia en la Argentina. Si hubieran salido los tanques a la calle y un grupo de militares declarado el Estado de Sitio y se hubieran suspendido las garantías constitucionales, nadie tendría dudas de que había ocurrido un golpe de Estado y que había terminado el ciclo democrático iniciado en 1983. La democracia hubiera saltado fuera de la olla.

Pero en cambio, luego de una elección democrática, de a poco se comienzan a eliminar todos los componentes de la vida democrática. El poder ejecutivo deroga leyes y las reemplaza por decretos, designa jueces en la Corte Suprema sin acuerdo del Senado eliminando el control cruzado entre poderes, no se envía al parlamento la Ley de Presupuesto, por lo que las acciones del gobierno pasan a ser arbitrarias e incontrolables. La ranacracia marcha directo a su muerte.

Claro que esto no es el resultado de la acción de una persona, sino de la avanzada descomposición institucional a la que se ha llegado como resultado de anteponer al bien común, objetivo final de la política, el bien privado, imaginando, sin ejemplos en la historia, que el florecimiento de este último tendrá un efecto positivo sobre aquél.

El reemplazo de la res-pública por la res-privada en el imaginario de parte de la sociedad, ha hecho posible la elección de un presidente que, ya con el diario del lunes no es un mérito darse cuenta, no reúne las condiciones políticas ni morales para dirigir el país. Puede insultar permanentemente a los que no piensan como él o promocionar estafas con cripto monedas sin sonrojarse en ninguno de los dos casos.

Pero el golpe de Estado, aparentemente indoloro, que se ha producido en la Argentina obedece a uno de los defectos que desde hace tiempo se le ha señalado a la democracia representativa: los representantes son tan pocos que resultan fácilmente manipulables por los distintos factores de poder minoritarios, especialmente los económicos. Tan explícito y grave es este problema que hay países que regulan legalmente la actividad de los lobbies intentando dar transparencia a este proceso donde la voluntad de las mayorías queda postergada en favor de la voluntad de los poderosos.

No es un secreto que la mayoría de los legisladores ya no responden a los ideales de los partidos políticos por los que han sido elegidos, muchos jueces hacen de la defensa de los grandes intereses económicos su bandera olvidando las leyes y la imparcialidad que debería regir su conducta, el poder ejecutivo reemplaza el impopular Estado de Sitio por un protocolo denominado “antipiquetes” que permite la represión de cualquier protesta social, como ocurre miércoles a miércoles con los jubilados que ya perdieron más del 60 % del poder adquisitivo de sus ingresos.

Las elecciones de medio término que se realizarán en Argentina durante 2025 intentarán aumentar unos grados más la temperatura de la olla, logrando apoyo electoral para estas propuestas antidemocráticas. Los y las referentes políticos denominados de oposición, en gran parte responsables de la situación actual, no ofrecen muchas garantías de detener la deriva que está terminando con la vida de la democracia.

¡Pero tenemos una excelente noticia para darles!: el mito de la rana es falso. Cuando el agua llega a cierta temperatura, aunque haya aumentado muy de a poco, la rana salta de la olla. Lo que todos deberíamos intentar, cada cuál desde su lugar en la familia, en el trabajo o en el poder, es moderar la gravedad de las quemaduras.

 Marzo de 2025. emiliopauselli@gmail.com

Ir hacia arriba