Una vez más, en Argentina, vuelve a fracasar el proyecto neoliberal. Como en la dictadura que usurpó el gobierno entre 1976 y 1983, como durante la década del 90 de ese mismo siglo que desembocó en la crisis del 2001, como durante el gobierno de la alianza Cambiemos encabezada por Macri entre 2015 y 2019, ahora el gobierno de “las fuerzas del cielo” encabezadas por Milei vuelve a repetir el mismo desastre social y económico.
¿Qué tienen en común todas esas experiencias? Descenso del nivel de vida de las clases bajas y medias de la sociedad y aumento de la deuda externa. El expresidente Macri tomó 45 mil millones de dólares de deuda y el actual presidente, a menos de un año y medio de gobierno, ya tomó 20.000 millones más.
El recorte del gasto social, arrojar a millones de jubilados a la pobreza y la indigencia, suspender la entrega de medicamentos o alimentos a los más necesitados, “enfriar” la economía al punto de que actualmente la industria esté utilizando menos de la mitad de la capacidad instalada con la consiguiente ola de despidos, nada de eso tuvo sentido. Se sometió a un inmenso esfuerzo a toda la sociedad para volver a fracasar.
Los dos logros agitados durante los últimos meses, el equilibrio fiscal y el control de la inflación, demostraron ser dos ídolos con pies de barro. El primero porque se trató de un equilibrio ficticio, basado en dejar de pagar y transformar esas acreencias en deudas. El segundo, porque se trató de un efecto superficial que no atendió a una de las causas de fondo de la inflación: la puja distributiva.
Esta vocación de fracasar no se puede explicar solamente por los grandes negociados financieros que se realizan alrededor de la deuda. Hay una visión básica del mundo que está profundamente equivocada: cuando la plata no alcanza no se piensa en estrategias para aumentar los ingresos, como haría cualquier familia con sentido común, sino en gastar menos. Bueno, al hijo que no le toca comer ese día se le explicará que en el futuro todo será mejor, y que él, con su hambre, está contribuyendo a la grandeza de la patria.
Pero, finalmente, el hambre de los hijos o de los abuelos parece no alcanzar. Tan mal salieron las predicciones económicas que hay que salir de urgencia a pedir más dinero prestado a los usureros mundiales porque si no “el modelo va a estallar”. Es difícil de creer que no conozcan la historia reciente en donde esos salvatajes financieros nunca impidieron que las cosas terminen estallando.
Los prestamistas del FMI conceden finalmente esos préstamos, en contra de toda razonabilidad económica y de sus propios reglamentos internos, porque EE.UU. –socio principal– quiere apoyar a un gobierno amigo.
¿Usted está seguro de que se trata de amistad? Ya que trajimos a cuenta a los EE.UU., veamos qué dijo el segundo presidente en la historia de esa nación, John Adams: “Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación, una es con la espada, la otra es con la deuda”. A confesión de parte…
Pero la ignorancia de fondo de estos fracasadores seriales consiste en creer que los problemas económicos requieren de soluciones económicas. Craso error: si queremos vivir en una sociedad pacífica y con perspectivas de futuro, los problemas económicos sólo se pueden resolver sobre la base de sólidos acuerdos políticos que comprometan a todos los actores sociales. Un nuevo contrato social, que le dicen algunos; contrato que el llamado populismo no supo construir y que el neoliberalismo gobernante ni siquiera sospecha que existe.
No lo dude, éstas son las opciones que tenemos por delante: o dejamos a varios sin comer, o repartimos la comida que existe hasta que logremos más. La opción del actual gobierno es la primera, confiando en que con balas, gases y palos podrá mantener a raya a los hambrientos.
Usted no iría a un médico al que siempre se le mueren los pacientes, ¿no? Avise en el barrio, alerte a los vecinos y vecinas, informe en el trabajo y en el club. ¡Basta de apoyar incapaces que nos despeñan siempre por el precipicio!
Abril de 2025. emiliopauselli@gmail.com