Este título puede estar haciendo referencia al diálogo de una pareja en vías de disolución y, en tal caso, adquiriría un sentido de reproche por expectativas o promesas no concretadas. También podría atribuirse a la crisis en una sociedad comercial, donde los compromisos asumidos por alguno de sus integrantes han sido reiteradamente incumplidos, lo que lo ha transformado en poco creíble para el resto de los socios. Pero, en verdad, aunque cuadrarían muy bien a cualquiera de esas dos situaciones, en esta ocasión nos estamos refiriendo a la escasísima confianza del electorado de la Argentina respecto de su clase política.
En las elecciones de 2023 esa desconfianza determinó el triunfo de un personaje que prometía terminar con “la casta” y se ofrecía a sí mismo como el representante de la antipolítica. En esa elección fueron a las urnas el 77 % de los habilitados para votar. Fue una manera en que la ciudadanía le dijo a los y las dirigentes políticos tradicionales: “no te creo nada”.
Pero la “antipolítica” resultó muy parecida a la política. De hecho, sus principales ministros ya lo habían sido de otros gobiernos y sus prácticas para lograr mayoría legislativa siguieron siendo las amenazas y el soborno. Superando a lo peor de “la política” se intentó designar jueces adictos por decreto. Y como si eso fuera poco, el propio presidente de la república impulsó una estafa con criptomonedas hoy investigada judicialmente en Argentina y EE.UU.
Muchos de sus votantes, desencantados más por estos hechos que por las políticas de empobrecimiento de la población y de endeudamiento externo del país que todavía encuentran cierta justificación discursiva, se sienten desengañados con el personaje y desesperanzados de que la democracia pueda desenvolverse dentro de un marco ético.
Dos años atrás el “no te creo nada” se expresó votando al actual presidente. Luego de estos dos años de frustraciones se expresó dejando de ir a votar. Días pasado se realizaron elecciones legislativas en la ciudad de Buenos Aires. La participación electoral cayó al 53 %, incluyendo a los que votaron en blanco.
El gobierno nacional puso todos sus recursos en esta elección. Desde candidatos –el vocero presidencial–, propaganda, fake news, campaña maliciosa en redes sociales. Obtuvieron el 30 % de los votos lo que significa, en términos reales, contar con el apoyo del 15 % de la ciudadanía. El resto votó por otras opciones y la mitad no fue a votar o votó en blanco.
Los viejos partidos políticos siguen con sus pequeñas rencillas, sus personalismos, sus negociaciones con el poder, todo con un único objetivo que ya no es el bienestar de la sociedad sino su permanencia en los cargos legislativos o ejecutivos que han alcanzado. El poder judicial, quizá el partido mejor organizado, cuida de los intereses de los poderes económicos que ya han llegado a ser los propios.
Algunos creen que los desengaños amorosos nos permiten hacer mejores parejas y que los fracasos empresariales mejores sociedades comerciales en el futuro; como que se cumpliría el refrán de que “estropeando se aprende”.
Nosotros no estamos tan seguros. Sin embargo, hay quienes creen que este descreimiento en la política va a dar lugar al nacimiento de un nuevo movimiento nacional que recree lo mejor de nuestra historia. ¡Ojalá!
Por ahora, el intento de alejarnos de “la política” nos ha llevado a la peor política que vivimos en cuarenta y dos años de democracia. Sin embargo, el camino iniciado parece no tener retorno: nos seguirán gobernando con el 15 % del electorado hasta que encontremos nuevas maneras de “hacer política”.
Mayo de 2025. emiliopauselli@gmail.com