¡Patria no, colonia sí!

Defraudando a nuestros próceres del siglo XIX y a los esfuerzos que de allí en adelante se hicieron por contar con una nación independiente, la mayoría de la actual elite política en Argentina expresa de manera creciente su preferencia por volver a un estatus colonial, como antes de España y luego de Inglaterra, ahora de los Estados Unidos.

A los delirios de un presidente, que bien podría tratarse sólo de un error de la historia, se le suma la actuación de legisladores que acaban de aprobar el presupuesto del país para el año 2026. Acompaña a dicha aprobación la eliminación de uno de los mayores logros de la democracia: haber establecido un porcentaje mínimo del presupuesto nacional para invertir en educación. El Presupuesto aprobado por el Congreso deroga el artículo de la Ley de Financiamiento Educativo que exigía que el gasto en el área sea como mínimo del 6 % del PBI.

Es sabido que los países que exhiben un mayor desarrollo lo han cimentado sobre la base de sostenidas inversiones en educación, ciencia y técnica. Sin necesidad de recorrer lugares comunes como que el saber es poder o que el conocimiento es el capital del futuro, no es difícil comprender que en un mundo donde la producción, los servicios y el comercio son cada vez más dependientes de la ciencia y la tecnología, la capacidad instalada de los países en esos rubros será decisiva a la hora de establecer sus posibilidades de bienestar.

Si quisiéramos dimensionar esa situación podríamos reparar en cuántos investigadores tiene un país en relación con su población. Por ejemplo, Estados Unidos cuenta con 4,8 investigadores cada mil habitantes, Alemania con 5,7, Japón con 5,6, Gran Bretaña con 4,4, España con 3,4 y Argentina con 1,2.

Claro que aprobar un presupuesto donde la inversión en educación no tenga un piso, o sea, pueda ser variable de ajuste para liberar fondos con los que pagarle al FMI o contratar más armamento y personas para la represión de la protesta social, no parece ser un camino virtuoso para el futuro del país.

En términos reales, lo que el presupuesto prevé gastar en educación en el año 2026 será un 47,7 % menor que lo gastado en 2023, último año del gobierno del Frente de Todos. La reiterada acusación al peronismo de que alentaría la existencia de un pueblo ignorante para poder mantener su liderazgo político se ve desmentida crudamente por estas realidades: a la luz de los hechos, parecería ser exactamente al revés.

Claro que si se interpelara a los legisladores que aprobaron el presupuesto del 2026, difícilmente reconocerían su preferencia por volver a ser colonia. La relación entre educación, investigación y soberanía probablemente no sea muy comprensible para personas que han comprado el cargo que ocuparon en las listas por las que fueron elegidos o que reciben importantes compensaciones en dinero o designaciones por votar a favor de las propuestas del grupo de ultraderecha que gobierna en Argentina.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar exclusivamente a este grupo de la situación actual. Debería ser un tema de reflexión para la democracia qué tipo de educación impartió durante 42 años para que la sociedad no pueda identificar críticamente proyectos políticos que han sido implementados reiteradamente en la Argentina con resultados desastrosos.

Diciembre de 2025. emiliopauselli@gmail.com

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