Venecia sin ti

Si usted se dispone a visitar Venecia no deje de consultar una, o varias, buenas guías de turismo. Éstas señalan dos pequeños sectores a los que llaman “la Venecia de los venecianos”, o sea, que consideran que la mayor parte de esa ciudad ya no pertenece a sus habitantes. ¿Quién se ha hecho dueño de ese lugar famoso por su historia y su belleza?

Si usted se toma el tiempo para recorrer la Venecia de los venecianos, verá que no se diferencia por su arquitectura o sus monumentos o su diseño urbano del resto de la ciudad: su principal característica es que en ella aún habitan venecianos. Allí se pueden ver cosas maravillosas, como la señora llevando a su bebé en cochecito subiendo y bajando uno por uno los escalones de cada puente, al anciano con su bolsa en la mano yendo a comprar el pan, a las personas al atardecer sentadas en los bancos del espacio público y conversando de sus asuntos o de los de los demás, a los fieles yendo a rezar a una iglesia donde no hay que pagar entrada. Para observar esas maravillas antropológicas, no lo dude, usted debe ir a la Venecia de los venecianos.

El resto de Venecia, a la que visitan treinta millones de personas por año, ha sido colonizada por el dinero. Allí donde el dinero encuentra excelentes condiciones para reproducirse, los seres humanos tienden a disminuir, como si se tratara de dos especies antagónicas y donde aquel termina siendo su principal depredador.

Este autor siempre encuentra la forma de retorcer las cosas, exclama el lector de todos los lunes, para el que la lectura de la Página y media constituye un ejercicio de masoquismo. Bien contentos que han de estar los venecianos con toda la plata que ganan con el turismo, lo apoya su amiga de todas las semanas. Sí, corrobora aquel, seguro que vuelven todos los días a su “Venecia de los venecianos” con los bolsillos bien llenos. Sarna con gusto no pica, finaliza aquella haciendo gala de sabiduría popular.

Pero la realidad es que los habitantes de Venecia son cada vez menos en términos absolutos. Hacia 1950, la posguerra europea, esa ciudad contaba con 175.000 habitantes. Hace cincuenta años sus habitantes eran 110.000. En la actualidad no llegan a 50.000.

Y antes de que nuestros desconfiados amigos atribuyan el fenómeno a la baja de la natalidad de la región, les contamos que, desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad, Italia pasó de 46 a 59 millones de habitantes, otros países de la región, como España, de 28 a 50, y que toda Europa, que en 1950 era habitada por 550 millones de personas, cuenta en la actualidad con 745 millones de habitantes.

La principal razón del éxodo de los venecianos es la imposibilidad de convivir con el señor dinero. ¿Cómo hace un joven que inicia una familia para comprar un departamento, que cuesta más de un millón de euros, o alquilarlo a miles de euros por mes? La desaparición de los comercios de cercanía y de los mercados locales, la falta de empleo fuera del turismo y la disminución de servicios públicos básicos como educación o salud por falta de maestros y médicos que puedan vivir en Venecia, también hacen cada vez más difícil la vida para los venecianos que quieren permanecer en su ciudad. 

Shakespeare, en El mercader de Venecia, encontró la manera de conciliar la riqueza con la vida. Porcia, disfrazada de abogado, no ha podido, 430 años después, salvar a los venecianos. Éstos han debido pagar con sus cuerpos las exigencias del dios dinero.

Agosto de 2026. emiliopauselli@gmail.com

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