La especie en peligro

Para no abusar de la credulidad de nuestros lectores, se hace necesario aclarar que no nos referiremos ni al yaguareté, ni al venado de las pampas, ni al delfín franciscana, el tiburón escalandrún, el pecarí quimilero, el oso polar, el tigre, la ballena azul ni a la tortuga carey. Lo que nos preocupa es el peligro que corre la especie humana.

¿Que la especie humana corre peligro? No me haga reír –dice nuestro lector avisado–, si cada vez somos más. Y apoya la lectora que siempre le hace el aguante: No diga tonterías, si nos reproducimos como conejos, ni la pandemia pudo con nosotros. Ya sé, retoma la palabra el primero, seguro que nos va a hablar de la guerra. ¿No sabe usted que desde Troya para atrás y para adelante la guerra ha sido el deporte preferido de los seres humano? Y mire, aquí seguimos.

Pero esta vez se han equivocado: ni guerras ni pandemias ni desastres naturales ni calentamiento global ocupan estas líneas. La preocupación que queremos compartir hoy es la creciente despreocupación por el cuidado de las crías de la especie.

Es cierto que algunas especies desde el momento en que nacen ya comienzan su vida independiente, es el caso de algunos peces, insectos y reptiles. Los que logran sobrevivir a sus predadores, llegarán a la vida adulta para volver a reiniciar ese ciclo de reproducción que no requiere de ningún cuidado.

No es el caso de muchas otras especies, como los mamíferos y las aves, y dentro de ellas se destaca especialmente el desvalimiento con que el ser humano llega al mundo. Sabido es que, de los seres vivos, es el que exhibe un crecimiento más prolongado. Nace necesitado de calor, alimento y protección, y es necesario nutrirlo, vestirlo y educarlo durante muchos años para que, luego de todo ese proceso, se transforme en un adulto sano y provechoso para sí mismo y para la sociedad. Aun Rómulo, Remo, Mowgli y Tarzán lo necesitaron, la única diferencia es que esos cuidados los recibieron de los lobos o de los monos, aunque siga siendo un misterio cómo adquirieron el lenguaje.

El gobierno de Argentina se encuentra en una lucha encarnizada contra el principal hospital pediátrico del país, el hospital Garrahan. ¿A quién se le ocurre estar en contra del hospital donde se atiende a los niños con enfermedades más complejas del país?

Con mentiras, porque suponer ignorancia ofende el conocimiento elemental que debiera tener toda persona adulta así no tenga responsabilidades de gobierno, se trata de engañar a la población diciendo que dicho hospital está lleno de gente que no trabaja, que hay muchos más administrativos que médicos, y así de seguido. Algunos ejemplos de “administrativos” son los radiólogos, kinesiólogos, enfermeros, bioquímicos, físicos, comunicadores, trabajadores sociales, biotecnólogos, farmacéuticos, ingenieros, arquitectos, técnicos en computación, plomeros, cerrajeros, electricistas, entre otros.

No se trata sólo de la salud: en estos días el gobierno ha suspendido la única jornada anual de capacitación de los docentes en educación vial y en violencia de género. ¿Para qué gastar dinero en desarrollar esas capacidades destinadas a la educación de los niños? De alguna manera se las arreglarán y, en todo caso, no es un problema del Estado.

Claro que para llevar adelante estas medidas hay que contar con un importante grado de crueldad. La misma que se aplica para apalear todos los miércoles a los ancianos que reclaman por la recomposición de su haber jubilatorio, para retener en galpones los alimentos destinados a los comedores populares que atienden a los hambrientos o para suspender la entrega de medicamentos oncológicos a los enfermos de cáncer que no pueden adquirirlos.

Pero, ya meterse con los niños… Esto debería hacer reflexionar a la parte de la sociedad argentina que acompaña electoralmente a estas personas crueles e irresponsables. Aunque deseable, esto último no es seguro. Ya la historia ha mostrado cómo una parte de la sociedad alemana acompañó al nazismo, una parte de la sociedad norteamericana al racismo, una parte de la sociedad sudafricana al apartheid, una parte de la sociedad argentina a la última dictadura militar.

Lamentablemente, el “yo no sabía” llega siempre tarde.

Junio de 2025. emiliopauselli@gmail.com

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