Otra vez, y van…

Nuevamente el sueño de una sociedad regida por el mercado se está convirtiendo en una pesadilla para muchos argentinos. Lo que se presentó como “algo nuevo”, llevando a un grupo de empleados de grandes empresarios y de grandes bancos al gobierno del país, se está revelando como algo muy viejo, ya sucedido en varias ocasiones con anterioridad.

El ciclo comienza con la crítica a “la política”, cosa muy fácil de hacer porque los partidos políticos ya hace tiempo que no prestan ninguna atención al grado de probidad de las personas que promocionan y a las que encargan temas delicados que hacen a la vida de toda la sociedad, lo que hace fácil confundir la actividad de cualquier aprovechado de su lugar en el poder con la preocupación por el bien común, finalidad de toda política.

Sigue con la crítica al Estado. Éste sería la fuente de todos los males, porque tendría muchos empleados y porque muchos de esos empleados no trabajarían. Comienza así la ola de privatizaciones de todo lo que se pueda regalar a algún grupo privado que se haga cargo.

El tercer paso es la apertura comercial. Los empresarios locales son unos ineficientes que matan a sus conciudadanos con precios exagerados: que vengan los productos de otras partes del mundo y hagan quebrar a esos malos empresarios.

Paso cuatro: al haber menor actividad económica baja la recaudación de impuestos y, aunque se redujeron los gastos de aquel Estado indeseable, el dinero no alcanza y es necesario pedir nuevos créditos internacionales.

Y al final, después de despedir miles de empleados públicos, de cerrar miles de pequeñas y medianas empresas, de reducir la actividad económica de las más grandes… otra vez aparece el desempleo.

Entre el cuarto trimestre del año 2023, cuando asumió el actual gobierno, hasta el cuarto trimestre del 2024, la desocupación abierta había aumentado el 14 %. “La economía se está acomodando”, pensaron los más optimistas, hasta que las cifras van cerrando el camino a cualquier esperanza. En el primer trimestre de ese año la desocupación volvió a aumentar, en relación al trimestre anterior, un 23 % más, lo que el INDEC describe en una nota al pie como “diferencia estadísticamente significativa”. Y aún no sabemos las cifras del segundo trimestre, las que estarán disponibles, como es habitual, a trimestre vencido, o sea, a principio de octubre.

En resumen, contabilizando cinco trimestres de gestión, bajo este magnífico “plan de mercado” que debía “acomodar la macro” la desocupación ha crecido un 39 %. Quizás por eso es que entre las personas mayores de 40 años este gobierno tiene menos credibilidad: ya han vivido en carne propia o han visto vivir a sus padres esta pesadilla. “Estamos mal, pero vamos bien”, se nos decía en los ahora admirados 90 del siglo pasado: hoy sabemos la verdad, estábamos mal e íbamos peor.

Quizás también es por eso que en las franjas más jóvenes de la sociedad, que no han vivido esas experiencias, tiene mayor recepción la prédica en contra de la política y del Estado, aunque, en definitiva, serán los mayores perjudicados.

Sería un buen momento para que la oposición política concentre todos sus esfuerzos en explicar, noche y día, a todos los compatriotas lo que aquí está ocurriendo, aunque eso la lleve por algún momento a distraerse del armado de las listas. Y esa explicación sería más creíble aún si pudieran, a la vez, reflexionar sobre las limitaciones de sus propias gestiones cuando les tocó ser gobierno.

Porque el pensamiento de que la culpa siempre es del otro no parece un argumento suficiente para volver a entusiasmar a una parte importante de la sociedad en que un futuro mejor es posible. La tendencia a la baja en la participación electoral puede ser un síntoma de ello.

Julio de 2025. emiliopauselli@gmail.com  

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