La ONU considera que un país está dentro de los hambrientos cuando más del 2,5 % de la población sufre de inseguridad alimentaria crónica. Se puede pensar que el fenómeno del hambre tiene relación con el clima, con la fertilidad de la tierra o con la habilidad de las sociedades para la producción de alimentos, pero con esas suposiciones estaríamos bastante lejos de la verdad.
Si bien las desigualdades sociales también se expresan en el acceso a alimentos, tampoco se puede atribuir el hambre exclusivamente a este factor. Y estaríamos absolutamente desorientados si quisiéramos culpar de esa situación a la poca laboriosidad o voluntad de sacrificio de las personas. Nada de eso figura entre las causas que generan el hambre crónica.
El hambre es, definitivamente, el resultado de decisiones políticas. Éstas son las que determinan la distribución de los medios de vida, quiénes estarán asegurados y quiénes desamparados, qué parte de la renta se distribuirá entre la sociedad y cuál se concentrará en manos de los más poderosos, qué parte será destinada a pagar la deuda interna y cuál a la deuda externa.
Si a usted le quedan dudas al respecto, nada mejor que reparar en la historia reciente del Brasil. En el año 2011 accede a la presidencia de ese país el representante del Partido de los Trabajadores –PT–, Luiz Inácio Lula da Silva. Fue una prioridad de ese gobierno terminar con el hambre y se tomaron medidas políticas en esa dirección. En el año 2014 ese país salió de la lista del Mapa del Hambre de la ONU.
Pero, así como cambian las políticas, también cambian sus resultados, tanto es así que en el 2021 –pandemia y Bolsonaro mediante– Brasil volvió a ser parte de esa lista ignominiosa. La política trabajó mucho para lograr ese retroceso, desde la destitución de la presidente legítima votada por el pueblo brasileño, Dilma Rousseff, hasta la fraudulenta proscripción del propio Lula para facilitar el triunfo electoral de Bolsonaro.
Pero, así como las sociedades pueden ser engañadas con falsas promesas y elegir opciones que empeorarán sus condiciones de vida, también pueden volver sobre sus pasos y enmendar sus propias equivocaciones. Eso, claro está, siempre que la política le ofrezca opciones creíbles para hacerlo.
Luego de desenmascarar las falsas acusaciones que habían llevado a su proscripción, en el 2022 las fuerzas políticas que respaldaron históricamente a Lula, más nuevos aliados, vuelven a llevarlo la presidencia. Créalo o no, en el año 2025 Brasil vuelve a festejar su salida del Mapa del Hambre.
La prédica que desde los medios de comunicación financiados por las elites económicas se hace en contra de “la política”, más la de otros medios que se suman por ignorancia, tiene por objetivo mostrar la actividad y el debate político como algo indeseable y espurio. Su objetivo resulta claro: convencer a la sociedad de que su único futuro está asociado a favorecer los intereses de los grupos más poderosos, esperando el famoso y nunca logrado derrame.
En América, desde la colonia, estamos empeñados en esta lucha; primero contra los reyes europeos, luego contra las oligarquías criollas, actualmente contra la extraña mezcla en la que han derivado los intereses de ambos.
Porque la lógica del hambre es bastante sencilla: lo que no come uno, lo come otro, especialmente el insaciable sistema financiero.
Agosto de 2025. emiliopauselli@gmail.com