Así reza la conocida canción infantil, donde la Farolera enamorada erra en sus sencillas cuentas de “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis…”. De la misma manera, los enamorados de la “libertad de mercado” y enemigos acérrimos de todo tipo de subsidio que “deforma el funcionamiento de la economía”, equivocan groseramente sus cuentas.
Asistimos en Argentina a un descalabro en el sistema de precios de los servicios originado en este tipo de fundamentalismo. Es sabido que en los grandes centros urbanos es necesario administrar el precio del transporte público de manera tal que cumpla su función atendiendo a los costos de las empresas que lo brindan y a la función productiva que debe cumplir: permitir que las personas se trasladen diariamente a sus trabajos de manera cómoda y a un precio acorde a sus ingresos.
La creencia religiosa en que cada cosa debe comercializarse “a su valor” para tener una “economía sana” oculta ante la farolera la sencilla verdad de sus sencillas cuentas. El actual gobierno de la coalición de derecha PRO en Argentina ha insistido hasta el cansancio en que debe remediar “la fiesta de subsidios” llevada a cabo por el gobierno anterior. Ellos, a diferencia de aquel, le dicen al pueblo la verdad: las cosas cuestan lo que cuestan, usted debe pagarlo, otra cosa es demagogia.
Este razonamiento los llevó, apenas asumido el gobierno hace 15 meses, a aumentar en el principal ámbito metropolitano del país el 100% el boleto mínimo urbano para “dejar de pagar subsidios a los transportistas”. Claro que esa fue una primera medida complementada en estos días con otro aumento del 35% sumando entonces, en relación al precio inicial del período, un aumento del 170%.
Pero hete aquí que dirigentes de las cámaras de transporte público de pasajeros explican al gobierno que, a pesar de haber aumentado el boleto en un 170% el Estado deberá seguir subsidiando el boleto urbano. ¿Cómo así? ¿Es que todos los funcionarios hicieron mal las cuentas? No señor, las cuentas están bien, sólo que –explican los mismos dirigentes– cada vez que aumenta el boleto disminuye la cantidad de pasajeros.
¡Ay, ay, ay! Los reyes de la oferta y la demanda no saben cómo funciona ésta. Y no sólo no saben, sino que no aprenden. Lo mismo ya le había pasado a este mismo grupo político con los subterráneos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Luego de insistir en que el gobierno central les transfiriera los subterráneos para “administrarlos sanamente”, produjeron un importante aumento de tarifas, o sea, llevaron la tarifa al precio que supuestamente cubría los costos de explotación. Pero fue tal la disminución de usuarios, que un mes después estaban intentando devolver el servicio al gobierno central. El descalabro que se produjo fue tal que de su promesa electoral de construir diez kilómetros nuevos de transporte subterráneo por año de gestión, lograron extender en cuatro años la red subterránea en 1900 metros.
Tampoco es posible que comprendan la relación del costo del transporte con la presión por aumentos de sueldos. Quieren negociaciones paritarias que no superen el 18% de aumento anual mientras aumentan un 170% el transporte público y más de un 500% servicios esenciales como la luz, el gas y el agua.
En fin, en estos días estamos experimentando en Argentina lo que resulta de la combinación de un gobierno de derecha con un gobierno de incapaces. Solo parecen tener solvencia para condonar fabulosas deudas que el papá del presidente de la república mantiene con el Estado, aunque hay algunos malintencionados que insisten en que, aún eso, lo hacen mal.
Página y media – nota escrita en Febrero de 2017