La circulación de los cuerpos

Vivimos en una época donde el planeta se ha empequeñecido a manos de la modernización del transporte, la aparición de la aviación y la innovación en los sistemas de comunicación. Miren lo grande que era antes la Tierra que en el Reform Club de Londres Phileas Fogg apuesta a que podrá dar la vuelta al mundo en ochenta días. Hoy, claro está, nadie aceptaría una apuesta de ese tipo.

Claro que, si nuestro mundo se ha empequeñecido y, paralelamente, ha crecido la humanidad, es bastante previsible que tengamos nuevas dificultades para circular. Más gente en menos espacio siempre producirá problemas y aglomeraciones.

Pero, este mundo más pequeño ha traído también innumerables ventajas para distintas expresiones de la actividad humana. Por ejemplo, la información puede recorrer el planeta en segundos y reproducirse millones de veces. Casi a la misma velocidad se realizan las operaciones financieras, sin ocupar ningún espacio adicional. Algo más lento, pero no mucho, compramos y vendemos bienes y servicios producidos en cualquier parte del mundo. Lleva algunas horas, a veces escandalosamente más de un día, entregar el producto comprado en el domicilio del comprador. Si se trata de objetos excesivamente voluminosos que deben viajar en barco, aún en este ya minúsculo planeta, su transporte puede tardar más de una semana, lo que deja perpleja a nuestra moderna mente humana.

El problema, en definitiva, solo afecta a los cuerpos, por distintas razones. Vamos a examinarlas.

Por un lado, los cuerpos se enferman y, en ciertas condiciones, esas enfermedades se transmiten de unos cuerpos a otros. Vivimos actualmente un ejemplo muy nítido a partir de la pandemia de COVID-19, la que ha llevado a severas restricciones en la circulación de los cuerpos de unas regiones a otras no solo del globo sino al interior de cada una de las comarcas llamadas a veces países, provincias o regiones.

Cuando nuestro planeta era más grande la probabilidad de que una epidemia se transmitiera a regiones lejanas y afectara a la totalidad de la humanidad era casi imposible. En cambio, ahora, cuando puedes desayunar en Buenos Aires y cenar en Madrid, o ver una película en Roma y estar a la mañana siguiente paseando por la Plaza Roja de Moscú, o levantarte en Tokio y acostarte en Sídney, se hizo necesario restringir la circulación de los cuerpos, todos ellos potencialmente contagiantes.  

Por otro lado, los cuerpos intentan desplazarse buscando trabajo y mejores condiciones de vida. Como el planeta al empequeñecerse hace posible esa movilidad, habitantes que se encuentran en regiones asoladas por la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades intentan trasladarse a lugares que ofrecen, en principio, mejores perspectivas. Así vemos desplazarse masas de africanos hacia Europa o de latinoamericanos hacia Estados Unidos, con la secuela de barcos hundidos en el Mediterráneo o campamentos infrahumanos en la frontera norte de Méjico.

Los gobiernos de esos países más favorecidos intentan, por todos los medios, controlar que esas personas no ingresen en absoluto o lo hagan en cantidades microscópicas. Básicamente no quieren que se agregue una mayor presión sobre sus mercados de trabajo, los que ya presentan disfuncionalidades estructurales de larga data. Las fronteras adquieren, crecientemente, el aspecto de las fortificaciones que se ven en las películas donde una supuesta humanidad se defiende de las invasiones zombies.

En un planeta pequeño donde todo puede circular a gran velocidad, lo único que no pueden hacerlo son los cuerpos. Éstos necesitan ser controlados, clasificados y rentabilizados. Bienvenido señor turista. Retírese señor sin dinero.

Claro que la división actual del mundo en países favorecidos y países que enfrentan grandes dificultades no es casual. Los primeros son los que desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX saquearon regularmente a los segundos a través del sistema denominado “colonial”. Actualmente, esas diferencias se mantienen firmes a través de diversos mecanismos, entre los más directos el endeudamiento de los segundos respecto de los primeros.

El primero de los problemas que presentan los cuerpos se resuelve con una vacuna, el segundo es bastante más complicado, salvo que se logre inventar una vacuna contra la desigualdad. Septiembre, 2021. emilipauselli@gmail.com

Ir hacia arriba