Los sirvientes de la sociedad de servicio

Mucho se ha escrito sobre el crecimiento del área de los servicios en nuestras sociedades contemporáneas. En algún momento hasta se creyó que la prestación de servicios iba a absorber la mano de obra desplazada crecientemente de la producción debido a la aplicación de tecnología.

Hoy este último punto de vista sólo lo sostienen personas desinformadas o mal intencionadas. La experiencia real es que la tecnología también ha colonizado el área de los servicios, como podrá comprobar cualquiera que necesite acceder a algún tipo de atención postventa y deba invertir su tiempo en apretar botones guiado por una contestadora electrónica o reciba las respuestas de un robot que le repita que no lo entiende.

El sueño de Adam Smith está llegando a su fin. Así como los fisiócratas estaban convencidos de que la fuente de la riqueza era la naturaleza y los mercantilistas que lo era el comercio, la revolución industrial trajo consigo la idea de que el origen de la prosperidad de las sociedades era el trabajo.

Claro que, a su manera, cada una de estas comprensiones del mundo refleja una parte de la realidad. Pero ahora que estamos ante la puerta de salida de las sociedades de trabajo, tal como se lo entendió hasta ahora, la sensación de encontrarnos ante un inmenso vacío es difícil de evitar.

Cuando ya se requiere una limitada cantidad de seres humanos para generar productos y lo mismo ocurre crecientemente para prestar servicios, una nueva sociedad está naciendo. Ya no es la de los productores, tampoco la de los prestadores de servicios, ahora entramos en la era de la sociedad de los sirvientes.

Claro que eso suena a algo muy antiguo. Sirvientes eran los que retiraban la bacinilla de al lado de la cama de sus señores o los que los vestían por la mañana. Hoy pensamos, con razón, que ningún ser humano parece haber nacido para hacerse cargo de la orina de otro ser humano, aunque quizás pueda estar agradecido de hacerlo porque esa actividad le permite comer todos los días.

La actividad de servidumbre fue disminuyendo durante los últimos siglos, aunque nunca desapareció completamente. Ejemplo de ello es lo que hoy se llama púdicamente servicio doméstico, mientras que las personas que lo ejercen han sido llamadas hasta hace poco “sirvientas”, hoy ascendidas a empleadas.

Pero más allá del cambio de nombre su actividad no se ha modificado, sigue consistiendo en lavar el inodoro que usó otra persona o en tener lista la ropa que usará el señor o la señora. Tampoco parece éste un destino propiamente humano, aunque la persona que lo realiza valore tener ese empleo.

Ese núcleo de sirvientes que nuestra sociedad mantuvo hasta nuestros días y que constituye un porcentaje respetable de la población –en la Argentina el 10 % de la población económicamente activa ocupada– se ha comenzado a ampliar a partir de la reducción de otros puestos de trabajo.

Mientras el que nos presta servicios es alguien que nos proporciona acceso a algo que nosotros no podríamos satisfacer de otra manera, como por ejemplo servicios de educación, de salud, de acceso a bienes o servicios que no se comercializan de manera directa, un sirviente es alguien que se ocupa de aspectos que tienen que ver con nuestra vida personal y que nosotros podríamos resolver sin su concurso, como nada impedía al duque o a la duquesa vaciar su propia bacinilla. Nadie puede, por ahora, auto conectarse a internet, pero sí podría buscar su propia pizza o lavar su propio inodoro.

Que el joven que en su bicicleta se esfuerza para entregar el pedido de Rappi, Glovo o Pedidos Ya esté satisfecho de hacerlo porque de otra forma no tendría ningún ingreso, no quiere decir que esa actividad se pueda relacionar con un destino humano. ¿Qué sentido tiene extender la obligatoriedad educativa y machacar con el latiguillo de que hay que capacitarse si la oportunidad real va a consistir en pedalear rápido? Más le valdría aprender ejercicios de elongación y fortalecimiento muscular.

Las propuestas en boga de eliminar derechos laborales no son más que intentos de adaptación legal a la nueva sociedad de sirvientes. Se presentan como ideas novedosas, pero en realidad son muy antiguas. No crea que esas propuestas nos conducirán a una sociedad con más trabajo, más bien nos acercarán a llevar de nuevo la bacinilla.

Octubre, 2021. emiliopauselli@gmail.com

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