No sólo de pan vive el hombre

Sobre los índices de pobreza las preguntas que puede formularse cualquier ciudadano medianamente informado son: ¿cómo pueden mejorar los índices de pobreza durante la gestión del actual gobierno de la Argentina cuando se han perdido en el período 440.000 puestos de trabajo registrado y cerrado 26.000 empresas? ¿En qué sentido somos menos pobres cuando el salario promedio estuvo en todo el período por detrás de la inflación, excepto en el caso de los ministros y altos funcionarios del gobierno?

Más allá del concepto de “mentira estadística”, a la que recurren habitualmente todos los gobiernos, en especial cuando la realidad no muestra indicadores consistentes de mejoras, en el caso de la pobreza esta situación se agrava porque se utiliza uno solo de los indicadores necesarios para medir este fenómeno multicausal, lo que siempre da un resultado sesgado del real estado de cosas.

La pobreza se debería medir combinando tres indicadores: ingresos, necesidades básicas insatisfechas y medición multidimensional. Cuando en los medios de prensa se habla de índice de pobreza se refieren exclusivamente a la medición de pobreza por ingresos. Éste resulta de comparar los ingresos estimados para distintos individuos con el valor de la canasta básica total: los que tienen ingresos por debajo de esa canasta son considerados pobres y los que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria, indigentes. Esos son los resultados que se proyectan para toda la sociedad.

De más está decir que esta medición dará resultados muy cuestionables, por un lado, por las dificultades para medir ingresos en un mercado de trabajo donde no menos del 40 % son trabajadores informales, y por otro, porque el impacto de los índices de inflación –siempre calculados a la baja– distorsionan definitivamente uno de los términos de la comparación: cuál es el valor de la canasta básica.

A su vez, la no utilización de los indicadores de necesidades básicas insatisfechas –NBI– impiden saber si la persona que alcanza a cubrir el valor de la canasta básica vive o no en condiciones de pobreza. Por ejemplo, una persona que no es pobre por ingresos puede vivir en una vivienda inadecuada, en condiciones de hacinamiento, sin acceso a agua potable o sufrir de otras carencias estructurales que no puede subsanar con sus ingresos. Justamente, el índice de NBI apunta a medir condiciones de pobreza estructurales que no se detectan de otra manera.

Finalmente, la medición multidimensional de la pobreza agrega a los ingresos y las necesidades básicas, el acceso a derechos: no discriminación por razones de raza o de género, protección ante la violencia, acceso a la justicia, a la educación, a la salud, al empleo y la seguridad social, entre otras dimensiones. Mediciones multidimensionales encargadas a prestigiosas consultoras norteamericanas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo han dado como resultado para países latinoamericanos que la pobreza supera el 80 %, o sea, que cada diez personas ocho viven en condiciones de pobreza.

La “mentira estadística” es parte sustancial del relato que termina sosteniendo lo insostenible. Posiblemente, como los hoy opositores saben que cuando sean gobierno también deberán apelar a ese recurso, no asistimos a denuncias importantes y fundamentadas de la manera en que se calculan y difunden cifras que tergiversan la realidad social.

Millones de argentinos, para parafrasear el discurso oficial, habrían sido rescatados de la pobreza en los últimos dos años. Sin embargo, aumentan las personas que viven en condición de calle, la asistencia a los comedores y merenderos populares crece mes a mes, desciende de manera sostenida el consumo, se extiende la deserción escolar, pero, créalo o no, cada vez son menos los que viven en condiciones de pobreza.

¡Vaya usted a entenderlo!

Julio de 2026. emiliopauselli@gmail.com

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