La ley

Los habitantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se despertaron ilusionados por los anuncios de su gobierno de que, en ese distrito, ahora sí se cumplía la ley. En un país donde los poderosos violan la ley impunemente, a la vista de todos, sin sufrir ninguna consecuencia por ello, esa noticia estaba destinada a formar parte, sin duda alguna, del concierto de las buenas noticias.

Sin embargo, observando un poco mejor el anuncio, llamó la atención que los afiches colocados en la vía pública con esta buena nueva sólo contaran con imágenes de policías antidisturbios, armados con escudos y garrotes, los que sólo entran en acción cuando se trata de impedir alguna manifestación pública que, por nuestra Constitución, están permitidas a los ciudadanos.

Esta contradicción entre el texto y la imagen, uno hablando del cumplimiento de la ley y la otra mostrando a las fuerzas represivas que violan la ley apaleando ancianos, arrojando gases sobre grupos pacíficos, hiriendo gravemente a periodistas que cumplen su función en la vía pública, ha suscitado diversos tipos de interpretaciones.  

Hay quienes consideran a estos afiches como el inicio de la campaña electoral de la fuerza política que actualmente ejerce el gobierno de esa ciudad. Tratarían, de esta manera, de obtener el favor de una parte del electorado porteño que mostraría disposición a apoyar a quien le garantice poder circular con su auto sin sufrir incomodidades causadas por cualquier tipo de expresión de ciudadanos en la vía pública.

Otros creen que se trata de una confusión entre la ley y el Código Contravencional. Mientras que las leyes son las que establecen los derechos que tienen los ciudadanos, el Código Contravencional se refiere a las normas que regulan los ruidos molestos, el uso del espacio público, la seguridad en el tránsito y otras acciones necesarias para una convivencia agradable y segura para los habitantes de la ciudad.

Los hay también que atribuyen lo confuso de esta campaña a un desconocimiento de la división de funciones entre los distintos poderes del Estado. Mientras que la aplicación del Código Contravencional es efectivamente función del gobierno de la ciudad, otros eventos mencionados en esta campaña publicitaria, como las ocupaciones ilegales de viviendas, son resorte del sistema judicial y el gobierno sólo puede actuar cumpliendo órdenes de aquel, por lo que lo que haga o deje de hacer no es en ningún caso un mérito o un demérito propio.

No faltan tampoco quienes perciben cierta ligereza intelectual al analizar fenómenos complejos, como, por ejemplo, el mencionado de las ocupaciones ilegales de viviendas. En vez de formularse la pregunta de por qué hay ciudadanos que no poseen o no alquilan legalmente una vivienda y cuántos son, lo que podría dar lugar a un interesante análisis sobre necesidades habitacionales, se despacha el asunto con un epíteto peyorativo como el de “okupas”, creyendo que quizás toda palabra que contenga una letra k será por eso mismo sospechosa.

Pero, para no ser acusados de negativos o de aguafiestas, tenemos varias propuestas para poner en línea la imagen y el mensaje: la próxima campaña sobre el cumplimiento de la ley podría estar acompañada por la imagen de una escuela recién remodelada –porque la ley contempla la educación gratuita y obligatoria para todos los habitantes de la ciudad y hoy tenemos déficits de vacantes–, o de un hospital recién reequipado –ya que la ley garantiza el acceso a la salud y los hospitales públicos van acumulando deficiencias tanto a nivel de personal como de equipamiento–, o la inauguración de un barrio recién construido –ya que la ley garantiza el derecho a la vivienda digna y hay muchas personas en esa ciudad que no lo pueden ejercer–.

¡Basta de vendedores de humo! No es lo mismo la ley que el código contravencional, no es lo mismo una contravención que un delito, no es lo mismo garantizar el libre tránsito que gobernar una ciudad.

Agosto de 2026. emiliopauselli@gmail.com

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